La rueda

Estar a la altura del problema

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Con la aparición de Podemos se han visualizado tres tipos de reacciones: la adhesión inquebrantable, la excesiva atención de los que quieren estar en la cresta de la ola y la criminalización. Nada nuevo, por cierto, en la estrategia de quienes ya hicieran lo mismo en el pasado relacionando al presidente Zapatero o al Estatut con ETA. Pero no hay ningún indicio para pensar que el PSOE, el gran interpelado por la nueva formación del nuevo Pablo Iglesias, esté articulando un proyecto que responda a los males a los que apunta el nuevo partido.

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Resulta paradójico que un régimen totalitario, como fue la Unión Soviética, contribuyera tanto al desarrollo de los derechos sociales en la Europa continental. La amenaza comunista afianzó el Estado del bienestar, en parte, gracias a una socialdemocracia y una democracia cristiana consciente de que, si no garantizaba unos mínimos, la sociedad europea podría acabar entusiasmada por un sistema alternativo. Pero una vez desaparecida la alternativa, desaparecidos los incentivos para desarrollar políticas de bienestar.

Las instituciones del Estado, y con ellas los grandes partidos, son incapaces de dar respuesta a las dos grandes amenazas que tienen frente a ellas. Amenazas que en otro tiempo o lugar serían oportunidades y amenazas que, en todo caso, son también alternativas. La obcecación en evitar una consulta en Catalunya y la resignación de no plantear un proyecto que se enfrente a poderes no democráticos acabarán haciendo mayoritarios planteamientos que -acertados o no- son los únicos que proponen proyectos genuinamente políticos. Nunca en los últimos años el PSOE tuvo tan poco poder y, sin embargo, nunca en los últimos años la historia ha dependido tanto de ellos. Sin embargo, no hay síntomas de estar a la altura.