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Los desplazamientos de población

Turistas frente a emigrantes

Joan Miquel Gomis

La gestión eficiente o no de los flujos de movilidad humana medirá el éxito o el fracaso de la globalización

Leo en un cartel reivindicativamente situado en el escaparate de la librería Contrabandos, en la calle de Jaume Giralt de Barcelona, una frase que me llama la atención: «Al extranjero rico, turismo; al pobre, racismo». La idea de fondo de la proclama no es nueva. La movilidad de las personas conforma un nexo común que facilita la comparación entre flujos turísticos y migratorios. Y en el marco de la globalización, ambos fenómenos han incrementado notablemente su relevancia y complejidad, que no siempre se han visto reflejadas en análisis igualmente relevantes y complejos en los debates políticos. Más bien al contrario.

Predominan en este ámbito las visiones simplistas, cuando no demagógicas, fijadas en el corto plazo. Una perspectiva especialmente grave en el caso de la inmigración ante dramas como los que se viven en Lampedusa o Melilla, que muestran la incompetencia occidental, reflejada en las elecciones europeas, para encontrar respuestas adecuadas a esta realidad más allá de construir muros en las fronteras. Se trata de uno de los grandes retos de este siglo, que solo admite propuestas de solución estructurales, de largo plazo, con visión supranacional, ante problemas que en buena parte tienen su origen en el colonialismo.

La globalización proclama como ejes la libre circulación de capital, productos e información. En cuanto a las personas, en cuyo conjunto teóricamente deben revertir los beneficios de este proceso, la libertad de movimientos se reivindica de forma limitada. El Consejo Mundial de Viajes y Turismo, un lobi que agrupa a la mayoría de las grandes corporaciones turísticas mundiales, tiene como prioridad la defensa del derecho a viajar libremente, intercediendo ante los estados para que flexibilicen sus trabas burocráticas fronterizas. Pero esta libertad de movimiento que se defiende para quienes viajan con billete de ida y vuelta no encuentra necesariamente su equivalente para aquellos que lo hacen solo con billete de ida.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos reivindica la libertad de un ciudadano para residir en cualquier parte de su propio Estado, pero reconoce también la soberanía de cada Estado para fijar las normas que regulan la entrada de inmigrantes por sus fronteras. Y en este escenario encontramos realidades diversas. En la cúspide aparecen los profesionales de élite (ejecutivos de grandes corporaciones, deportistas, artistas de diversa índole, científicos…) que eligen libremente su lugar de residencia en procesos que suelen ir asociados al rendimiento económico que les garantiza cada lugar y en los que también se incluye a millonarios que pueden literalmente adquirir la residencia en muchos estados, como el español, que por su inversión inmobiliaria los reciben a veces sin preguntar. En el otro lado, en la base, observamos el drama de la emigración forzada por situaciones de desesperación (miseria, conflicto bélico, inseguridad…) que suelen encontrar barreras.

Entre ambos extremos, un sinfín de situaciones intermedias. Entre ellas, la del aspirante a emigrante que busca eliminar barreras con billetes de ida y vuelta. Ocurría en la España de la burbuja económica, a la que acudieron centenares de miles de teóricos turistas, atraídos por las oportunidades de una economía que parecía (falsamente) imparable. Respuesta de manual de las autoridades: incremento de requisitos para los turistas procedentes de países potencialmente emisores de emigrantes. Pero, paradojas del destino y de la incertidumbre de este convulso inicio de siglo: años después, cambio de escenario. Estalla la burbuja y la economía española entra en una profunda crisis, al tiempo que el Brasil del Mundial de fútbol y sus contradicciones era identificado por los organismos internacionales competentes como economía emergente. Resultado: Brasil endurece los requisitos de entrada de los españoles en reciprocidad a la rigidez de las normas españolas para con los brasileños. Contrastes de una convulsa coyuntura económica internacional.

Una coyuntura que ha llevado también a muchos jóvenes del sur de Europa a buscar oportunidades en Alemania. De nuevo alarma y respuesta de manual del Gobierno de Merkel: endurecimiento del acceso a las prestaciones sociales para prevenir lo que significativamente han bautizado allí como «turismo social», que pretendería aprovecharse de los beneficios del generoso sistema de protección alemán. Mientras, los turistas y residentes alemanes en las costas de nuestro Mediterráneo gozan de sus aún, a pesar de los recortes, privilegiados servicios sanitarios.

Como se desprende de la proclama reseñada al principio, el trato dispensado a los distintos tipos de emigrantes depende de variables económicas. La gestión eficiente de estas variables es uno de los grandes retos del siglo XXI y medirá el éxito o fracaso de la globalización.