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Geometría variable

Miquel Iceta coge el tren del 2014

Joan Tapia

Que el PSC atraviesa una fuerte crisis tras las tres derrotas (catalanas del 2010 y municipales y legislativas del 2011) no es novedad. Y el recurso de Pere Navarro -elegido a finales del 2011 tras el divorcio Iceta-Zaragoza- tampoco ha acabado de funcionar. Ha dado, sí, pasos positivos, como votar diferente que el PSOE en Madrid -algo que nunca hizo el sector catalanista cuando controlaba el partido- y pactar después con el realista Rubalcaba una reforma federal de la Constitución. Y este pacto legitimó una hoja de ruta autónoma del PSC frente a la pactada por Mas y Junqueras (en realidad, impuesta a Mas por Junqueras tras las elecciones del 2012).

Pero defender la autonomía del PSC comporta costes altos. Los independentistas creen que, borrado del mapa el federalismo socialista y enfrentándose solo al PPC y Ciutadans, ganan por goleada. Y el PP sabe que un PSC flaco es la garantía de que el PSOE no gane en España. Y naturalmente los aparatos de propaganda respectivos han puesto toda la carne en el asador para castigar la línea autonomista de Navarro. Un ejemplo clarísimo es el gran ruido a favor de los diputados catalanistas (GeliVentura y Elena). Era un gran sacrilegio enviar a los que habían roto la disciplina de voto a la última fila, donde antes estaban otros diputados socialistas también hijos de Dios.

Si a ello le unimos que Navarro tiene cultura de alcalde pero carece de la experiencia parlamentaria necesaria para enfrentarse a dos primeros espadas como Mas y Junqueras, varios errores de sensibilidad (la extraña copa del Día de la Constitución) y cierto distanciamiento de unos cuadros y bases muy machacados, se llegó a una situación de desencuentro. Navarro se sintió poco apoyado por el partido y tampoco supo infundir esperanza tras los resultados de las europeas mientras que los capitanes territoriales creyeron que era obligado moverse y visualizar un cambio. El problema es que la candidata elegida, Núria Parlon, tenía glamur pero, como se ha visto, le faltaba madurez.

Pero la crisis es el abandono de Navarro (el fracaso del congreso del 2011), no la espantá de Parlon. Ahora el PSC elegirá  secretario por votación de sus 20.000 militantes, algo mucho mas democrático que lo de otros partidos catalanes y que curiosamente valoran poco quienes abogan por democratizar los partidos. Y algo que debería permitir al sector nacionalista (Geli) o a los más izquierdistas (Elena) intentar demostrar que el partido está con ellos. Pero es difícil que lo hagan porque ya se vio lo que pasó en Barcelona con Jordi Martí frente a Jaume Collboni.

Ayer el veterano Miquel Iceta, con gran capacidad intelectual y experiencia organizativa y parlamentaria, anunció su candidatura. Debería haberlo hecho en el 2011. Ahora los que quieren lanzar una opa (nacionalista o españolista) sobre el PSC lo van a tener más crudo con un hombre tan dúctil como coherente con lo que ha sido el socialismo catalán desde el 77. Puede tener un gran apoyo de los referentes del partido (MolasMontilla, supongo que Obiols), de los capitanes territoriales y de los militantes. Un inteligente dirigente -que no le apoyó en el 2011- me decía ayer: «Iceta es el primer secretario que necesita el PSC y lo debíamos haber escogido antes». Quizá. Ahora tiene un triple reto: infundir confianza a las agrupaciones del partido de cara a las municipales, defender la línea propia del PSC ante el 9-N, e intentar coser las distintas sensibilidades de un partido que desde la unificación del 78 es tan amplio como diverso.

Temas: PSC