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Carcajadas en la Casa del Rey

Iosu de la Torre

El rey Juan Carlos se ríe a carcajadas con los chistes de 'El Jueves'. Lleva décadas compartiendo con su hermana Pilar las ocurrencias y las caricaturas de la revista. En la Zarzuela siempre les ha dado por el humor y por los salones han pasado los grandes cómicos de las Españas: desde Toni Leblanc a Chiquito de la Calzada desparramando todas sus gracias y chistes en petit comité. De la pantalla de la televisión a la sala de estar del monarca. ¿Te das cuén? En palacio hay un salón con las paredes adornadas con los pósters, chistes, caricaturas y portadas que más han gustado a la familia durante los últimos 39 años. El Rey tiene claro que España “es un país fantástico para los humoristas, porque es extremo, exagerado y muy caricaturizable”, como nos contó una vez José Luis Martín, el ‘padre’ de Dios.

En junio de 1988, el tándem Ventura&Nieto construyeron para 'El Jueves' un desplegable a lo Interviu de ‘Felipe, el prinsipito king size’ que gustó tanto a los Reyes que un empleado de la casa envió una carta a la revista solicitando el original felicitando al dibujante por “su maestría y buen humor”.

En julio del 2007 quien se atragantó fue el juez Del Olmo, retirando el número de 'El Jueves' que ilustraba los 2.500 euros por hijos de Zapatero con una portada caricatura de Felipe y Letizia en la cama. Oficialmente no constó si hubo enfado real.

¿Nos hemos olvidado de que se hicieron públicos los correos electrónicos que le enviaba Iñaki Urdangarin a su esposa, la infanta Cristina, con parodias sobre la princesa Letizia y Jaime de Marichalar? En la Casa siempre reinó el humor.

Un comentario de Juan Carlos durante un viaje a Navarra dio pie a una marca de espárragos, Cojonudos. Así estaban de ricos y así lo sentenció poco después de bromear con unos fotógrafos a los que avisó que iba a beberse un extintor antiincendios.

El hombre que ahora abdica siempre ha sido de la broma ante las cámaras. Todos lo recuerdan poniéndose las gafas oscuras de ‘Caiga quien caiga’ y conversando, si no me equivoco, con Pablo Carbonell.

Entonces por qué de repente el consejo editorial de la publicación decide levantar una portada dedicada a la sucesión, quemar 60.000 ejemplares, y provocar la marcha de ocho de sus principales autores.

¿Papanatismo? ¿Exceso de celo? ¿Ser más papistas que el Papa? ¿Más franquistas que Franco? ¿Más monárquicos que el futuro monarca? ¿Más rodriguistas que Rodrigos? ¿Hay consignas secretas que acobardan o adocenan a los editores? ¿Se olvidaron de qué es la libertad de expresión? ¿En qué estantería dejaron el libro ‘Tocando los borbones’, editado en el 2003, resumen de décadas de chistes sobre la familia real, cada uno de ellos más elevados que la portada descartada tras salir de imprenta? ¿Acaso no se presumía de un rey campechano, de un príncipe moderno, leído y preparado?

¿Qué está pasando?

Este episodio es de carcajada si no dieran ganas de llorar.