29 oct 2020

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MIRADOR

Entre la derecha y el populismo

Joaquim Coll

Si algún partido en España debería estar particularmente contento estos días es el PSC. La abdicación de Juan Carlos I ha dado la razón a Pere Navarro, que hace un año pidió públicamente al monarca que no tardara demasiado en tomar esa decisión por el bien incluso de la propia Corona. Al líder de los socialistas catalanes le llovieron entonces descalificaciones y burlas. Pero los argumentos que esgrimió son curiosamente los mismos que hemos escuchado esta semana en boca de muchos. Que se trata de un «relevo tranquilo» y que el nuevo rey puede jugar «un papel relevante para arbitrar los profundos cambios que España requiere».

Navarro puede sacar pecho, pero desconcierta que no todos en el PSC sepan aprovechar este momento que abre un horizonte de reforma en sentido federal. Sorprende que en lugar de vindicar su hoja de ruta, algunos dirigentes jueguen al republicanismo decorativo cuando la monarquía constitucional en la práctica viene a ser lo mismo. Los valores republicanos no están reñidos con la forma de Estado en una democracia parlamentaria. Es un debate superado hace tiempo que solo tendría sentido si Felipe VI se viera implicado en escándalos que dañasen la estabilidad institucional y desacreditasen la jefatura del Estado.

Desconcierta que dirigentes a los que se les supone dotados de una visión estratégica añadan más ruido con gestos contradictorios, como ha hecho la federación de Barcelona pidiendo un referendo sobre la monarquía en la futura reforma constitucional. Es confundir lo accesorio con lo sustancial en un momento en el que Mariano Rajoy dice estar abierto a estudiar una propuesta federal que sea clara, pero que no signifique abrir en canal todas las instituciones. Si Jaume Collboni quiere construir su perfil político desmarcándose sistemáticamente de Navarro, va a cometer el mismo error que Jordi Martí.

En un momento de debilidad de Xavier Trias tras la errática gestión en Can Vies, el alcaldable socialista debería centrarse en hacer oposición y explicar las razones concretas de por qué su proyecto para Barcelona es mejor.

También en el PSOE hay demasiadas voces inmaduras como consecuencia de la confusión general en la que se encuentra sumido el partido tras el fiasco de las europeas. Salta a la vista que el emergente Podemos del mediático Pablo Iglesias va a ir a la yugular del socialismo español, envuelto en una grave crisis interna, huérfano de liderazgos y con grandes dificultades para lanzar un discurso social y reformista creíble. El primer ministro italiano, Matteo Renzi, líder del centro izquierda y ganador absoluto de las últimas elecciones en un país siempre dispuesto a castigar a sus gobiernos, se presentó hace poco como «la tercera vía entre la derecha y el populismo». Es una buena guía para que el PSOE la hiciera también suya.

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