10 abr 2020

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La transformación de la enseñanza

Nuevas tecnologías y universidad

Josep Maria Garrell

De la mano de la electrónica, de la informática y de las telecomunicaciones (TIC), los dispositivos móviles basados en un ordenador potente -pero de pequeñas dimensiones- y en la red de comunicaciones móviles, han irrumpido y cambiado nuestra vida. Los ordenadores portátiles ligeros, las tablets y los smartphones se están popularizando y generalizando. Por medio de estos nuevos aparatos, la manera que tenemos de informarnos, comunicarnos e incluso de interaccionar con el mundo está cambiando a un ritmo frenético. Desde la más conservadora de las posiciones, y pensando que no todo lo que es nuevo es bueno, parece poco probable que renunciemos a las comodidades y a las funcionalidades que estos dispositivos nos aportan .

Sería largo enumerar el impacto de esta silenciosa revolución en todos los ámbitos de nuestras vidas, pero pocos han sido los aspectos que se han mantenido como antes. Más adelante me centraré en su influencia en la educación universitaria, pero ahora quiero detenerme en dos elementos con implicaciones en el mundo educativo: el acceso a la información, a los contenidos; y la comunicación y, por tanto, la interacción humana. Nos estamos acostumbrando a acceder a todo tipo de información y contenidos, en cualquier lugar y momento. La consulta a la Wikipedia es solo un ejemplo.

Un caso paradigmático de acceso a información es el acceso a contenidos audiovisuales. La televisión bajo demanda, es decir, ver noticias o el programa favorito cuando deseamos, ha apartado incluso de nuestra vida los aparatos de vídeo.

Casi hemos olvidado que antes había que desplazarse hasta una biblioteca para consultar el libro que creíamos que contenía aquella información que buscábamos, mientras que ahora el libro suele ser accesible, también, a distancia.

Por tanto, si ya en nuestra vida cotidiana empezamos a exigir poder disponer de cualquier tipo de información y de contenido en todo momento y desde cualquier lugar, ¿no exigiremos lo mismo de los materiales educativos? Es evidente que sí, y de hecho los escolares están creciendo en este contexto.

El otro aspecto es el relacional. Gracias a esta revolución, podemos comunicarnos de manera simple, o más compleja, con personas o grupos de personas desde cualquier lugar y en todo momento. Desde el correo electrónico a la mensajería instantánea, pasando por entornos más o menos colaborativos, todo nos permite interactuar y relacionarnos con otras personas con una frecuencia y velocidad nunca antes imaginables. Si, de una forma u otra, las barreras que la distancia y el tiempo nos imponían para interactuar con otros han caído, ¿no afectará también eso a los procesos educativos? Como en el caso anterior, creo que también es una evidencia de que será así, tal como ya interactúan muchos escolares con su grupo.

Si nuestras vidas cotidianas se han visto transformadas por esta revolución, creo que también es de esperar que esto afecte a la formación universitaria. Nuestro alumnado querrá (por no decir que ya quiere) acceder a los contenidos de los programas formativos (textos, clases, imágenes, vídeos... ) desde cualquier lugar y momento; como también querrá (por no decir que ya nos exige) interactuar de la misma forma con el profesorado y con el resto del grupo.

El papel del profesorado forzosamente está cambiando. A mediados del siglo pasado, en puntos de nuestra geografía algunos profesores daban contenido literal a la expresión dictar la clase y, por tanto, se daba por hecho que el profesor solo transmitía información. Ahora, los nuevos profesores deberán centrarse en acompañar a los alumnos en su proceso formativo. También habrá que entender las paredes de las aulas de otra forma. En definitiva, y entre otras cosas, se desdibujará la frontera entre lo que ahora aún conocemos como enseñanza presencial y no presencial. Hablamos ya de forma natural de B-learning o de Flipped classroom; conceptos que serán frecuentes.

Creo que podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que estamos a las puertas de un cambio profundo de muchos de los procesos y de los métodos clásicos de la primera de las misiones de la universidad, la docencia. Con toda probabilidad el impacto de las TIC en la enseñanza universitaria será de tal magnitud que estamos ante lo que podríamos llamar un cambio de paradigma. Pero pocos se arriesgan a predecir en qué consistirá esta transformación.

Tal como me contaba un viejo, y sabio, amigo hace bastantes años: «Si nunca te haces un jardín, pon lo que quieras, pero no hagas ningún camino. Espera uno o dos años, y entonces verás por dónde la gente ha decidido que los caminos deben pasar». ¿Estamos preparados?