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Los jueves, economía

A la UE le falla el pegamento

Antón Costas

Hoy por hoy no existe un interés general europeo, un bien común que una a todos los ciudadanos

Confieso mi desasosiego: no sé qué hacer el próximo domingo en las elecciones europeas. Naturalmente, sé que vamos a elegir el próximo Parlamento Europeo, pero a ciencia cierta no sé para qué, ni qué relevancia tendrá en mis problemas cotidianos, ni en mis ilusiones y esperanzas de futuro. Y, la verdad, los candidatos no me ayudan, porque discuten como si estuviésemos en unas autonómicas o generales españolas.

Europa, la idea de una unión de estados-nación europeos con un proyecto político compartido, es una idea potente. Pero acostumbra a ajarse rápidamente cada vez que se intenta. Y ahora existe el riesgo de que vuelva a ocurrir.

En su origen, el proyecto europeo se legitimó como la construcción de un espacio de progreso económico, social y político para todos los ciudadanos de la Unión. Los españoles, mayoritariamente, nos incorporamos a Europa por ese motivo. Su legitimidad social está apoyada, por lo tanto, en su capacidad para ofrecer oportunidades a los que más las necesitan. Sin embargo, hoy eso no ocurre y, lo que es peor, las perspectivas de conseguirlo en los próximos años no son halagüeñas.

Veamos la situación europea, en particular la de la zona del euro, con objetividad, apoyándonos en los datos y no en los deseos.

Por un lado, hoy más de 28 millones de personas están en paro en la UE, la mayor parte de ellas jóvenes entre los 19 y los 33 años. Dado que, por edad, ellos son los que tienen que apoyar la continuidad del proyecto, esta falta de oportunidades para los jóvenes supone una pérdida de legitimidad.

Por otro lado, tenemos una moneda y un mercado comercial únicos, pero 18 economías diferentes, con 18 deudas públicas distintas que propician la especulación de los prestamistas, 18 sistemas laborales diferentes compitiendo descarnadamente, 18 sistemas fiscales rivalizando a ver quién ofrece más oportunidades para pagar menos impuestos, 18 sistemas de protección social blindados a los nacionales de cada país, y así sucesivamente.

Este estado de cosas puede llevar a muchos a dos conclusiones, no muy ilusionantes:

Primera. La UE es, hoy por hoy, como una selva donde lo único que no está permitido es devaluar la moneda pero todo lo demás está sujeto al oportunismo. Y donde la supervivencia de un país depende de su capacidad para canibalizar al resto de miembros del grupo.

Segunda. Hoy por hoy no existe, como a veces se dice, un modelo social europeo a preservar. Existen, eso sí, estados del bienestar nacionales, pero que se ven amenazados precisamente por las directrices y políticas que vienen de las instituciones europeas. No debe sorprender que muchos ciudadanos, especialmente los más débiles y desamparados, vean a la UE como una amenaza para sus condiciones de vida y no como una fuente de oportunidades.

Por lo tanto, más allá de mantener el euro y preservar el mercado comercial interior, hoy por hoy no existe un interés general europeo, un bien común que una a todos los ciudadanos. Dicho de otra manera, a la Unión Europea le falla el pegamento.

Está situación está generando dos visiones contrapuestas de Europa. La de las élites trasnacionales europeas, fundada en la idea de que lo que legitima el proyecto europeo es la existencia del euro y el mercado común interior. Y la de los ciudadanos, fundada en la idea de que la legitimidad reside en su capacidad para generar oportunidades de mejora a los que están más abajo en la escala social. La lógica de esas dos visiones lleva implícita el riesgo de colisión y descarrilamiento del proyecto.

Llegado a este punto, me asalta una duda. ¿El paro y la falta de oportunidades es inherente al propio proyecto europeo o es el resultado de un mal diseño del gobierno de la Unión y, especialmente, de una mala gestión de la crisis financiera y económica? Una manera de responder a esta cuestión es comparar la situación de la zona euro con la de EEUU y la del Reino Unido. Los tres se han tenido que enfrentar a la misma crisis. Y hasta se puede decir que la situación de los dos primeros era peor que la de la zona euro. EEUU y el Reino Unido han salido de la recesión, están creciendo y creando empleo. Pero Europa ha vuelto a caer en la recesión y su futuro está ensombrecido por las tres D del desempleo, la desigualdad y la deflación. Esta diferencia solo puede ser explicada por un mal gobierno y unas malas políticas europeas. No hay vuelta de hoja.

Reconozcámoslo, las instituciones europeas son disfuncionales y sus políticas son perversas para millones de personas. Si las elecciones europeas pueden servir para comenzar a cambiar este estado de cosas, bienvenidas sean. Con este optimismo escéptico iré a votar el domingo.

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