Centenario de un referente

Cirici Pellicer, el sentido de la 'rauxa'

El intelectual fue clave para explicar cómo se interpretan en Catalunya los ideales culturales y políticos

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A lo largo del 2014 me parece que se celebrarán en Catalunya bastantes manifestaciones y conmemoraciones colectivas que irán alimentando el entusiasmo y el apoyo popular a un proceso soberanista que ya está en situación decisiva. Con tanto seny como nos rodea, conviene ahora no perder el empuje de la rauxa. Está claro que incluso la rauxa ha de ser argumentada estratégicamente para poder explicar -y explicarnos- cuáles son los valores culturales y políticos que deben sustentar la conciencia nacional cuando haya un nuevo pacto territorial.

Para ello sería necesario no olvidar las ocasiones que ofrece el propio calendario: fechas tan conmemorativas como el Onze de Setembre hay pocas, pero hay muchas otras que a lo largo del año pueden servir de referencia, sobre todo si queremos subrayar, como factores esenciales del futuro, la ambición cultural y la voluntad democrática en una nueva interpretación generacional. Porque es el futuro lo que debemos comprometer a partir de la modernidad productiva, económica, social y cultural. Evidentemente, ya se han utilizado algunos aniversarios o coincidencias cronológicas para reforzar la presencia de este compromiso y su testimonio histórico. Pero conviene que la ciudadanía exija una intensidad comunicativa que refuerce aún más la idea de un país sustanciado en la cultura y el aprendizaje de los más jóvenes, o con el magisterio de aquellos que mostraron participación y enseñanza y que trabajaron con este espíritu de nación moderna dispuesta al progreso.

Uno de los aniversarios que he visto que se sugieren es el centenario de Alexandre Cirici Pellicer, un personaje clave para explicar cómo se interpretan en Catalunya los ideales de cultura, democracia, igualdad y bienestar. Formado en la coherencia pedagógica de la República y de la Catalunya autónoma, y por tanto en la plenitud de la educación humanística como herramienta política, supo utilizarlo en un abanico de actividades que lo hicieron indispensable en cualquier intento de reajuste cultural y político del país en una época difícil y peligrosísima.

El abanico de actividades abarcaba desde el retorno a lo popular hasta la reconquista de los orígenes cultos y las transferencias internacionales, siguiendo la doble herencia del modernismo y el noucentisme. Véase si no su labor en la inscripción de las nuevas disciplinas del diseño industrial, la formalización de un sistema de crítica e información artística de alcance internacional pero con ejes que pasaban por la historia de Catalunya, la investigación y la divulgación de los acontecimientos significativos del folclore, o la primera formulación histórica del arte catalán en su integración en el arte universal.

Cuando volvió del exilio se dedicó por completo a programar una generación de artistas y profesores catalanes a los que había que integrar internacionalmente, utilizando los medios modestos y demasiado provincianos a que obligaron las circunstancias contradictorias, como, por ejemplo, las generosas páginas de la revista montserratina Serra d'Or, en las que montó la primera síntesis de la modernidad artística de Catalunya. Por otra parte, Picasso antes de Picasso es el intento más exitoso de mostrar al mundo la participación catalana profunda y entera en la cultura de la modernidad. Igual que El arte modernista catalán es el primer testigo de la presencia del modernismo en un movimiento internacional de gran envergadura catalana.

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Y todo  esoaún tiene más valor como tarannà cultural del país, porque en cada operación se descubre una voluntad institucional. El interés por el diseño conllevó la creación de dos escuelas y el inicio de largas experiencias escolares por todo el país, lo que cabe considerar como modelos para los procesos de institucionalización que hemos de prever en la nueva Catalunya. La creación de una colección de arte catalán fue el disparo de salida de una nueva política de museos. Y, en su paso por la universidad, ensayó programas para métodos críticos y dejó establecido un formato de especialistas en sociología del arte y los testigos productivos de las primeras batallas dialécticas a nivel europeo sobre los nuevos géneros de la semiología.

En la última etapa de su vida se incorporó plenamente a la política, seguramente pensando que allí encontraría todos los instrumentos para convertir sus ideas y sus sistemas en la realidad de un país nuevo. Pero la política no se lo facilitó y se quedó arraigado en sus ideas. Quizá sea ahora el momento de que su magisterio cumpla su función si lo hacemos participar en la línea de entusiasmos populares que genera el proceso para la soberanía. Y al ejemplo de Cirici se pueden añadir muchos más, todos dispuestos a dar sentido y coherencia a todas las rauxes.