La rueda

En defensa de la democracia representativa

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Que un grupo de personas, como las de Societat Civil Catalana (SCC), se organicen para defender sus ideas dentro de lo que entendemos por una democracia liberal, de entrada es una buena noticia. No obstante, la dudosa trayectoria de algunas de las asociaciones que están detrás, el hecho de no ser un grupo organizado con voluntad de tender puentes (con los inconvenientes asociados de los que advertía Robert Putnam en los años 90) y su voluntad de tener vasos comunicantes con la Assemblea Nacional Catalana (ANC) no indica sino que solo servirá para mantener una tensión que ellos mismos critican.

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En un alarde de independencia de la asociación, Alicia Sánchez-Camacho dijo en sesión parlamentaria que SCC era la Catalunya silenciada. No está mal para un colectivo que ha protagonizado una portada de El Mundo, entrevistas en RAC1, Catalunya Ràdio, TV-3, reportajes en TVE y Telemadrid (donde nada se sabe de la ANC). Una Assemblea, por cierto, que era objeto de críticas -con razón- por apropiarse con el nombre de algo que ya está en el Parlament, la auténtica asamblea de Catalunya.

Sin embargo, SCC cae también en el mismo error al quererse apropiar de la representación de la sociedad civil con su nombre e intenta hacer trampas cuando en su manifiesto se reivindica como cosmopolita mientras entre sus impulsores más significativos hay carlistas convencidos. Ante una situación de estas características, donde hay dos grandes bloques asociativos enfrentados y poco dados a los matices, a algunos solo nos queda confiar en un Parlament lleno de pluralidad, con mayorías claras pero complejas, y a quien confiamos nuestra representación. Claro que también podríamos organizarnos, pese a no ser mayoritarios en apariencia, pero con la voluntad de ocupar un espacio de centralidad.