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La economía del 'cap i casal'

Detengamos la burbuja turística

Ricard Gomà

El turismo, una actividad clave de Barcelona, debe tener un encaje en la ciudad distinto del actual

El turismo se ha convertido en uno de los fenómenos de mayor repercusión económica, social, cultural y territorial en la Barcelona de los últimos 20 años. Hoy es uno de los elementos estructurantes de la ciudad, clave como sector generador de actividad y empleo. Y sus impactos sobre la ciudadanía, el espacio público y los barrios son cada vez más relevantes. En el año 2013 Barcelona alcanzó un nuevo récord con 7,5 millones de visitantes y 16,5 millones de pernoctaciones hoteleras. Cifras que nos hablan también de la necesidad de un encaje distinto con una ciudad que queremos económicamente diversificada, territorialmente equilibrada, convivencial y sostenible.

ESTA NECESIDAD de encaje era ya una de las principales conclusiones del Plan Estratégico del Turismo debatido el pasado mandato, que planteaba tres procesos de cambio a abordar: a) abandonar la dinámica incremental y sustituirla por un turismo sensible a los valores urbanos de Barcelona, incorporando la cultura de los propios límites; b) transitar desde unas políticas en clave solo promocional, monopolio del sector hotelero, hacia una estrategia integral, bajo liderazgo público, abierta a un abanico más amplio de agentes; c) superar una etapa de impactos no regulados y abrir un nuevo tiempo de regulación pública de los efectos del turismo (empleo de calidad, tasa turística, planes de usos...).

Estos retos chocan con dinámicas que hoy están en marcha en la ciudad y con decisiones del gobierno de Xavier Trias que se han situado en una perspectiva equivocada: el nuevo plan de usos de Ciutat Vella vuelve a condiciones de expansión hotelera en un territorio que ha excedido claramente su capacidad de carga; la tasa turística ha quedado lejos del modelo local y compensatorio que el mismo plenario municipal había exigido; los agentes sociales y vecinales no han sido incorporados hasta hoy ni a los procesos ni a los espacios de decisión.

La realidad del turismo en Barcelona presenta hoy aspectos contradictorios: se mantiene como un activo económico fundamental al tiempo que cabalga sobre una dinámica de burbuja, destruye empleo en la ciudad y pone en riesgo los equilibrios urbanos y ambientales en los barrios más presionados. En clave económica y laboral, son muchas las voces que hablan ya de una burbuja turística hinchada por un exceso de oferta que reproduce la lógica que nos ha llevado a la crisis, ahora desplazada del sector residencial al hotelero, lúdico y comercial. Por otra parte, las cifras récord de turistas vienen de la mano de un sector que en el  año 2013 ocupó a 19.400 personas menos que en el año 2012 (y 35.200 menos desde el inicio de la crisis), y con una precariedad galopante, contribuyendo así a la ampliación de las desigualdades.

En clave vecinal y ciudadana, la renuncia a una regulación pública de los impactos del turismo genera hoy en muchos barrios problemas de movilidad que chocan con objetivos ambientales, problemas con los apartamentos turísticos que chocan con objetivos de convivencia, o dinámicas de sustitución del comercio urbano que dota de sentido a los barrios por actividades de explotación del filón turístico que banalizan la ciudad. Y  las inversiones y las políticas urbanísticas y culturales se turistizan: reforma del paseo de Gràcia, el Paral·lel, el castillo de Montjuïc...

Revertir estas tendencias es complejo. Hace falta voluntad política y participación ciudadana. Nos jugamos en ello, en buena parte, el modelo de ciudad. No podemos renunciar a combatir la parquetematización turística de muchas zonas, debemos seguir apostando por un turismo social y ambientalmente responsable, y por un sector con empleo de calidad, con condiciones laborales dignas y formación continuada. Hay que cambiar las políticas y hacer emerger nuevos actores y nuevos espacios de gobernanza del turismo en la ciudad.

CON ESTE objetivo, en el último consejo plenario aprobamos una proposición presentada por nuestro grupo para que representantes de los sindicatos mayoritarios y de las entidades vecinales se incorporen como miembros a Turisme de Barcelona y que se constituya un consejo de participación como nuevo espacio de debate, codecisión y seguimiento de las políticas relacionadas con el turismo.

Se trata de proyectar en este ámbito un escenario más democrático, abierto y participativo, donde la voz del vecindario, los trabajadores del turismo y de otros agentes culturales, urbanos, ambientales... se convierta en una nueva palanca para hacer posible un modelo de turismo sin burbuja hotelera, ni precariedad laboral, ni parque temático urbano. Un nuevo modelo, limitado y responsable, que genere empleo digno y que distribuya con equidad social y urbana los beneficios y costes generados.