El rebote del gato muerto

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Incluso un gato muerto rebotará cuando llegue al suelo si cae desde una gran altura, dicen los inversores para explicar la pequeña subida en la cotización de una empresa tras un gran desplome en bolsa. El rebote del gato muerto, una metáfora tan macabra como popular en Wall Street, también sirve para explicar los datos del PIB. ¿Se recupera la economía española o simplemente rebota porque se ha estampado desde demasiada altura contra el suelo?

Los números. Según el dato provisional del Banco de España, el PIB creció un 0,4% en los primeros tres meses del año, un 0,5% en términos interanuales. Si se cumple el pronóstico, sería el mayor repunte de los últimos seis años y el Gobierno acertaría su optimista previsión: un 1,2% de subida del PIB este año.

¿Suena bien? Cuando se profundiza en los detalles, no tanto. Durante el primer trimestre del año, las exportaciones han caído, la inversión se ha parado y el consumo privado ha continuado plano. El Banco de España asegura que las importaciones se han reducido, pero los datos de aduanas dicen justo lo contrario: que han subido, y la balanza con el exterior ha empeorado. Desbrozados los números, el rebote solo se explica por dos razones: la deflación y los trucos contables de Cristóbal Montoro. Si descontamos el efecto de caída de precios, la subida del 0,5% interanual se queda en poco más del 0,1%. No es que la economía crezca mucho en términos absolutos, es que la bajada en los precios hace que parezca más grande.

Reducción artificial

En cuanto a las trucos de trilero del ministro de Hacienda, parecen bastante obvios. Durante el último trimestre del 2013 el gasto público se redujo un increíble 3,9% en España, a pesar de que no hubo sobre la mesa ningún recorte nuevo. Curiosamente, en este trimestre el gasto público ha aumentado. ¿La razón? Todo apunta a que el Gobierno movió facturas de diciembre a enero para reducir artificialmente el déficit de 2013 y que pareciese que España cumple con lo que pide Europa.

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Tampoco sería la primera vez que el dato provisional empeora cuando llegan las cuentas completas. Ya pasó con el último trimestre del 2013. El Gobierno vendió una subida del 0,3%. Meses después, el éxito se quedó en la mitad: un 0,17%.

La recuperación, por ahora, es un espejismo: unas décimas del PIB aliñadas con un mar de propaganda y bajo la sospecha de la manipulación estadística. Incluso en el mejor de los casos -si se alcanzara ese 1,2% de subida del PIB que espera el Gobierno este año-, será una recuperación tan débil que tardará mucho tiempo en notarse en el día a día de los ciudadanos o en el paro. Hemos llegado al suelo, sí. Pero no está claro que el rebote sea mérito del gato.