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LOS SÁBADOS, CIENCIA

Historias de 'sang i fetge'

Manel Esteller

El hígado es un órgano central que no solo nos protege sino que tiene la rara cualidad de regenerarse

Durante muchos años se pensó que el hígado era el órgano central del cuerpo humano desde el que se producía la sangre. Así lo afirmaban, entre otros, Galeno, un médico de prestigio en la antigüedad que según estudios recientes se habría cargado a más pacientes de los que habría salvado. Hoy el sex appeal de este órgano ha sido desplazado por otros como el cerebro y el corazón, pero debemos dar su justo valor a esta estructura inmensa que nos ocupa la parte derecha de la barriga. Hace muchísimas tareas, entre ellas algunas tan poco agradecidas como filtrar toda la porquería que desde una alimentación malsana pueda entrar en el cuerpo.

PARA ELLO, entre otras, tiene unas proteínas llamadas citocromos P450 que son como unas tijeras que tienen la tarea de inactivar muchos tóxicos que quieren entrar en nuestro torrente sanguíneo. A veces, los pobres hepatocitos (las unidades que forman el hígado) ya no pueden aguantar tanta basura como se le echa encima, se inflama el tejido y aparece la hepatitis debida al excesivo consumo de alcohol o aparece una degeneración grasienta llamada esteatosis hepática.

De hepatitis, además de la alcohólica (también llamada enólica por los literatos), destaca también la debida a virus, principalmente el virus de la hepatitis A (la que tuvo Maradona y nos hizo perder una Liga), hepatitis B (la que tiene Pamela Anderson, por ejemplo, lo siento...) y las hepatitis C y D. Las hepatitis activas no controladas las podemos diagnosticar por la calle cuando vemos a un señor más amarillo de lo habitual y, si somos maleducados, le hacemos que levante el globo ocular y aparte el párpado inferior y vemos también un ribete amarillo. Y de vez en cuando aún se ve alguna señora mayor de color amarillo debido a la antigua Agua del Carmen, alcohol de alta graduación que levantaba el espíritu. ¡Pobre hígado! ¡Cuánto tiene que sufrir!

Este guardián de tantos agentes químicos (si son finos pueden utilizar ahora también la palabra xenobióticos) nos protege y solamente nos acordamos de él cuando nos damos cuenta de que el foie gras es el hígado. Me acuerdo que de pequeño había comido sesos de no sé qué animal y de vez en cuando algún hígado frito apareció en la mesa, ¡pero nunca lo toqué! Nuestro hígado, un escollo contra un mar de detritus. Si no funciona, incluso el cerebro se resiente. Y la encefalopatía hepática es una enfermedad grave.

Pero es que, además, el hígado tiene la capacidad de hacer algo que casi ningún órgano más puede hacer: regenerarse. Si a una lagartija le cortas un trozo de cola, le vuelve a crecer. Si cortamos un buen trozo de hígado humano, sus células proliferarán y tratarán de recuperar el tejido perdido. Este crecimiento de los hepatocitos ha sido muy estudiado para saber cuánta diferencia hay con lo que sucede también con el cáncer. Porque los mismos agentes (alcohol, virus, sustancias químicas diversas) que dañan su funcionamiento también pueden inducir su transformación tumoral. El cáncer de hígado es un tumor de mal pronóstico para el que todavía no se dispone de terapias plenamente efectivas. Es común a nivel mundial, existiendo áreas geográficas donde es particularmente frecuente.

La medicina del hígado ha mejorado mucho en las últimas décadas, y cabe mencionar entre los significativos avances el establecimiento de la vacuna contra la hepatitis B, haber conseguido que los trasplantados de hígado hagan una vida casi completamente normal y, este mismo año, el descubrimiento de un tratamiento curativo contra el 90% de las hepatitis C. Es esta una noticia médica de primera magnitud que por su impacto sanitario en la población debería haber merecido más crédito por parte de todo el mundo.

EN CASA TENEMOS excelentes profesionales que estudian la biología del hígado y sus patologías, destacando la escuela del Hospital Clínic de Barcelona con los doctores Joan Rodés, Miquel Bruguera, Juan Carlos García-Valdecasas, Pere Ginés, Jordi Bruix y Josep Maria Llovet, entre otros, la investigación puntera desarrollada en los virus de las hepatitis por los doctores Rafael Esteban, Jaume Guardia, Josep Quer y su equipo en el Hospital Universitari de la Vall d'Hebron o las investigaciones básicas de los doctores George Thomas, Sara Kozma e Isabel Fabregat en el Institut d'Investigacions Biomèdiques de Bellvitge. Amigo hígado, prometo que hoy te trataré bien.

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