El movimiento en Asia

La lección de Taiwan

La clave de la reciente crisis en la isla es que la sociedad irrumpe en el acercamiento con China

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La crisis desatada en Taiwan tras la ocupación de su Parlamento el pasado 18 de marzo por varios centenares de estudiantes que protestaban contra un pacto comercial suscrito por Taipei y Pekín, puso de manifiesto la extrema vitalidad de su sociedad civil. Tras 24 días de tensión, el conflicto se resolvió pacíficamente. La acción estudiantil, que contó con un fuerte apoyo de la opinión pública, puso contra las cuerdas al Kuomintang (KMT), que ostenta la mayoría absoluta en el Parlamento, la cual le garantizaba el salvoconducto preciso para ratificar dicho acuerdo firmado en junio del 2013. Frente a la dinámica mayoría arrolladora-minoría obstruccionista, el problema evidenciado por la acción estudiantil es la legitimidad del marco de juego establecido entre la isla y el continente y el temor a que la sucesión de acuerdos derive en un deterioro de la calidad sistémica y en una pérdida de soberanía efectiva.

EL CONOCIDO como Movimiento Girasol actuó como catalizador de la desesperanza de un sector significativo de la sociedad que se rebeló ante la sensación de derrotismo que infundía la secuencia de acuerdos a través del Estrecho -21 desde el 2008- tras la paz no firmada entre Taipei y Pekín, a los que debe añadirse ahora el reciente inicio del diálogo político.

Curiosamente, nadie en la sociedad taiwanesa puso en duda la legitimidad de los estudiantes a la hora de hacer oír su voz ante los problemas del país. Por el contrario, y de acuerdo con una larga tradición vigente en la política china, la acción fue exaltada como demostración de su conciencia cívica, atenta tanto a las consecuencias del proceso respecto a su modelo social como a la preservación de su identidad política. En un segundo plano, cabe resaltar la cintura y altura de miras de las autoridades para instar mecanismos de negociación capaces de resolver de forma pacífica la controversia, por fortuna convencidos de que la aplicación de la simple aritmética no lo resuelve todo.

De la crisis sale mal parado el gobernante KMT, tanto por ser el blanco de las iras como por la agudización de su división, escenificada en las diferentes actitudes adoptadas por el presidente Ma Ying-jeou y el presidente de la Cámara, Wang Jin-pyng, protagonistas de una sórdida lucha desde hace años. A la guerra interna se suma la de la opinión pública, en la que va muy rezagado en un año electoral. Lo acontecido, por otra parte, da alas a una oposición titubeante y ansiosa por arbitrar canales alternativos de comunicación con Pekín que le obligan a bajar preceptivamente la cerviz reconociendo la existencia del principio de una sola China. Pero la clave esencial es que la sociedad ha irrumpido en el proceso de acercamiento entre China continental y Taiwan y que el KMT ya no está solo en el proceso, avalado por su cómoda mayoría absoluta. No le será suficiente a partir de ahora. En su defensa, el Gobierno taiwanés argumenta que el acuerdo de comercio y servicios con China es equilibrado y probablemente lo sea. Igualmente es razonable pensar que si este proceso fracasa, los que deben seguirle para facilitar la integración de Taiwan en la región corren serio peligro. En términos generales, la sociedad taiwanesa no se opone a las relaciones con el continente ni al desarrollo de acuerdos que beneficien a ambas partes.

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La vitalidad de la democracia taiwanesa sugiere una primera crisis política en las relaciones a través del Estrecho. Tanto el KMT como el Partido Comunista, que desde el 2005 apostaron por el acercamiento para alejar el peligro de la independencia, estaban cómodos con el marco actual. Ahora deberán reformularlo teniendo en cuenta no solo las formalidades institucionales sino también la legitimación cívica que se alza como fiscalizadora. Si las élites a uno y otro lado podrían haber decidido hace tiempo la hoja de ruta de la reunificación con la única salvedad de vencer las reticencias de la opinión pública, lo acaecido representa una clara advertencia. Nadie podría imaginar que una eclosión como la vivida podría poner contra las cuerdas las buenas relaciones con China continental, sus poderosos aparatos y organizaciones.

LA SOCIEDAD civil es la gran triunfadora de esta crisis, aupada por una elemental receptividad gubernamental capaz de prestar atención a las inquietudes populares. Toda una lección cuando en otros lares se pretende deslegitimar toda protesta por el simple hecho de que el derecho absoluto a gobernar de las mayorías se sustancia solo a través de la confrontación electoral. Taiwan, una pequeña isla apenas reconocida por 22 estados, ha dado a todos una lección de democracia. Y ello a pesar de la indiferencia con que en el exterior se ha vivido este episodio.