El ars fascinatoria del 'Boom'

Antes hubo otros, pero el hijo del telegrafista encontró el grial que todos estaban buscando

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Gabriel García Márquez, en una imagen del año 2009 en México.

Gabriel García Márquez, en una imagen del año 2009 en México. / REUTERS / ELIANA APONTE

Cuando en 1967 Gabriel García Márquez incendia el panorama de la literatura escrita en español con 'Cien años de soledad' (tildada como la "apoteosis del arte de la novela" según Milan Kundera) ya se habían publicado una serie de novelas que nos hicieron saber que algo ya estaba cambiando: en 1958, 'Pedro Páramo'; en 1958, 'La región más transparente'; en 1959, 'Ríos profundos'; en 1960, 'Hijo de hombre'; en 1962, 'La muerte de Artemio Cruz', 'Sobre héroes y tumbas', 'El siglo de las luces' y 'La ciudad y los perros'; en 1963, 'Rayuela'; en 1965, 'La casa verde' y 'Tres tristes tigres' y, por último, en 1966, 'Paradiso'. Si tiramos nuestra mirada atrás tendríamos que citar también ahora 'Tierra de nadie' (1941), 'El señor Presidente' (1946), 'Adán Buenosayres' (1948) o 'El reino de este mundo' (1949). Todas y cada una de estas novelas convirtieron a la literatura escrita en América Latina en uno de los imanes más atrayentes de la literatura universal. Pero entonces: ¿qué hizo el mago de Aracataca para edificar la leyenda conocida con el nombre de 'boom'?

Esos astilleros de la literatura latinoamericana ya habían dado sobradas muestras que América ya no era solo para los americanos, sino que lo que se estaba escribiendo en el viejo continente concernía a toda la humanidad. Y el 'boom', sea lo que fuere, -estrategia editorial, ecuación imposible donde lo real se unía para siempre a lo maravilloso, grupo de amigos escritores que soñaban con escribir "la novela total" tal y como afirmaba Vargas Llosa, o conjunción de unos astros literarios nunca antes vistos ni oídos- conformó a un público lector en busca del pergamino perdido de Melquíades en el que fatalmente nos veríamos reflejados también nosotros.

García Márquez protagonizó el redescubrimiento de la esencia de unos pasos perdidos que siempre habían estado ahí. La imaginación mítica de su escritura propició la búsqueda de lo insólito en lo cotidiano creando así la magia de un ars fascinatoria que combinaba leyendas que contaban historias plagadas de personajes variopintos como aquellas mujeres, las más bellas del mundo, rodeadas de plantas fabulosas, seres mitológicos, pájaros infinitos, pantanos con cetáceos de delicada piel, huevos prehistóricos y maravillas sin fin que harían las delicias de miles y miles de lectores. 

La obra de García Márquez, inexplicable sin la fuerza gravitatoria que el boom ejerció sobre ella y viceversa, consolidó una imagen de la realidad y de la historia de América Latina indisociable ya de esa condición de terreno mítico, insólito, sobrenatural, mágico y legendario. Pero el boom también fue el descubrimiento de Faulkner, de 'La metamorfosis' de Kafka ("... de modo que esto se puede hacer en literatura; entonces esto sí me interesa, esto seré yo" había declarado García Márquez), Camus, Hemingway, Faulkner, Döblin, Dos Passos, Woolf y el 'Ulises' de Joyce. Todos ellos eran los maestros de los escritores del 'boom' y pasaron a engrosar la lista de autores que había que leer sí o sí.

Parece indudable que el éxito del 'boom' fue también el éxito de una novela: 'Cien años de soledad'. El ascenso y la caída de la estirpe de los Buendía no era solo la historia increíble de una saga familiar o la visión febril maravillada por una realidad nunca antes contada, sino también –y sobre todo- el modo en que García Márquez unió los distintos ingredientes míticos y populares para conformar lo cotidiano con lo inverosímil.

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Cuando por primera vez leímos atónitos 'Cien años de soledad' quedamos abrumados y embrujados por una manera de contar que nos hizo redescubrir el 'plaisir du texte'. El éxito crítico, el éxito en la venta de ejemplares y el indudable éxito internacional de esa novela y de buena parte de la narrativa del 'boom' no queda explicado solo "por las circunstancias favorables, el juego de las 'instituciones literarias', la presión de un complejo mercantil-publicitario o el terrorismo intelectual, real o imaginado, de una mafia de escritores" tal y como afirma Jacques Joset, uno de los más importantes estudiosos sobre García Márquez y responsable de la edición crítica de 'Cien años de soledad' en la editorial Cátedra.

La suerte que corrió el boom y la obra de García Márquez, Fuentes, Donoso Cortázar tuvo mucho que ver con el horizonte de expectativas de un publico lector que ya estaba deseoso de leer ficciones capaces de reescribir la Historia. Y en eso García Márquez es también uno de los más grandes. Que el titán Cronos se convirtiera en el mismísimo corazón del 'boom' le debe mucho al autor de 'El amor en los tiempos del cólera'. El 'boom' fue Mito e Historia, mitos recreados y mitos degradados, repeticiones, falsificaciones, recurrencias y rupturas, realidades para siempre falseadas por el aura de unas ficciones verídicas que nos trastornaron. Y el "hijo del telegrafista" supo encontrar el grial que todo el mundo estaba buscando: su literatura es una muestra irrepetible de cómo el 'boom' nos habló al oído de <"las maravillas del mundo".