Los desplazamientos urbanos

La movilidad en Barcelona y su financiación

El incremento de ingresos del transporte público podría venir del beneficio de los párkings municipales

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La movilidad en una aglomeración urbana es fruto de la actividad económica y social que se desarrolla en ella. La Administración es responsable de su regulación, y lo hace mediante las políticas urbanísticas, las inversiones en infraestructuras de transporte, la provisión de un determinado nivel de oferta y calidad del transporte colectivo y la fijación de los precios de determinados servicios. Con este marco regulatorio se produce un reparto de los desplazamientos entre los modos de transporte privados, los colectivos y los no mecanizados (a pie, bicicleta).

¿Cuáles son los problemas de movilidad en el área metropolitana Barcelona? Los más importantes son la contaminación del aire generada por los vehículos, el ruido, la baja participación del transporte público en los municipios más alejados de Barcelona y la financiación del transporte público metropolitano. Durante los últimos años la crisis ha adormecido los problemas de la movilidad porque esta ha disminuido, pero la esperada recuperación volverá a poner encima de la mesa viejos problemas.

Hasta ahora el modelo de movilidad desarrollado en Barcelona ha consistido en una oferta de transporte público de calidad que hiciera atractivo su uso con unos precios asequibles y en la fórmula pagar por aparcar. Además, la capacidad viaria se priorizaba en ciertas calles (red básica) y se penalizaba en otras. También en algunas vías se ha reducido el espacio dedicado a los coches para ampliar aceras y favorecer los desplazamientos de peatones y bicicletas. Este modelo exitoso en la ciudad de Barcelona, donde la relación transporte público/transporte privado alcanza un elevado 1,83 y donde la bicicleta ha tenido un incremento notable, puede ver truncada su evolución debido a los problemas de financiación del transporte público urbano y a la falta de inversiones en el transporte metropolitano.

El uso del coche está muy condicionado por el precio de los combustibles y el del aparcamiento, normalmente regulado por la Administración local. Por es parece inapropiada la concesión de aparcamientos a una sociedad mixta (de mayoría privada) que jugará a la larga a sus propios intereses. El camino sería justamente el contrario: existiendo como existe Barcelona Serveis Municipals (BSM), la estrategia sería concentrar en ella la gestión de los aparcamientos públicos más las concesiones privadas que fueran venciendo, con el fin de tener en una sola mano esa palanca regulatoria. Si por lo que fuera se considerase más eficiente una gestión privada, entonces la solución podría ser un contrato de gestión.

Por otra parte, la financiación del transporte público aparece como una amenaza cierta. Se quiere llegar al objetivo de que el usuario pague la mitad de lo que cuesta el servicio y debe hacerse frente a una deuda acumulada superior a los 500 millones de euros. Necesariamente se debe actuar tanto para aumentar los ingresos como para reducir los gastos, y en este sentido deben abordarse algunas reducciones de los costes de explotación de las empresas operadoras. El incremento de los ingresos no debe llegar solo de los aumentos de las tarifas que pagan los usuarios, sino que puede proceder de los ingresos generados por los aparcamientos. Una BSM liberada de las actividades que no están ligadas a la movilidad -como así fue creada- tendría unos elevados beneficios, que podrían ser utilizados para reconducir las cuentas del transporte público.

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No es probable que veamos en los próximos años grandes inversiones que permitan incrementar de forma significativa la oferta del transporte público. No obstante, debe insistirse ante las Administraciones competentes sobre la necesidad de ejecutar actuaciones prioritarias como la duplicación de la vía en Rodalies R-3 hasta Granollers, la prolongación de los Ferrocarrils de la Generalitat (línea del Llobregat) hasta la plaza de Francesc Macià, la conexión de los tranvías por la Diagonal y la creación de plazas de aparcamiento junto a las estaciones de ferrocarril. Y en el ámbito de la gestión y la seguridad, la policía  municipal debe controlar la conducción de las motocicletas para evitar los cada vez más frecuentes accidentes en los que se ven involucrados este tipo de vehículos.

un reciente trabajo denominado El futuro de la movilidad urbana ha analizado la realidad de 84 ciudades de todo el mundo, y Barcelona está en la zona media-alta, pero alejada de las punteras Estocolmo o Ámsterdam y también por debajo de ciudades como Viena o Múnich. Por lo tanto, se debe seguir trabajando para alcanzar los niveles de sostenibilidad de esas capitales de referencia, y eso pasa indudablemente por potenciar el transporte público (en calidad y en cantidad en algunas zonas) y por la integración entre modos, y para ello es preciso que haya una financiación estable.