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Llegamos a la entrevista antes de la hora acordada. Y el entrevistado nos dice que él todavía no está a punto, que de momento necesita un cuarto de hora para acabar de desayunar. Eso no es una respuesta, eso es una declaración de principios. Está claro que vamos a tener que ser nosotros los que nos adaptemos a su ritmo.

Acaba de desayunar. Pero ahora es el turno de sacar a su rebaño: unas 300 cabezas de ganado, entre cabras y ovejas. «Las saco ahora porque si no luego hace mucho calor». La lógica sigue aplastando nuestras prisas por empezar a grabar la entrevista.

«Los animales son muy agradecidos. Si tu les das, ellos te lo devuelven. No pasa lo mismo con todas las personas». Primera sentencia. Flechazo inmediato con Pascual, el pastor que vive a las afueras de un pueblecito de Murcia.

Las tierras de Pascual estuvieron afectadas por un plan urbanístico que preveía la construcción en el año 2006 de 15.000 viviendas a las afueras de un pueblo de 25.000 habitantes. Casi todo el mundo lo vio lógico. El ayuntamiento, la mayoría de los vecinos, hasta el Tribunal Superior de Justicia de Murcia, que avaló el proyecto con una sentencia a favor de su construcción.

Además de las viviendas, en el resort habría dos campos de golf. Lo normal. Y casi todos lo vieron bien. Pero Pascual no. Les dijo una cosa rarísima: «Pero si aquí no hay agua». Al cabo de los años, y después de una pelea de Pasqual contra el mundo, el Tribunal Supremo sentenció: «Pero si ahí no había agua». Bueno, los magistrados del alto tribunal lo dijeron con otras palabras pero el sentido era el mismo.

Tres millones

Pascual le llegaron a ofrecer casi tres millones de euros por 30 de sus hectáreas. «Pero es que yo no había comprado aquellas tierras para especular. Las había comprado para vivir y para mis animales». Oiga Pascual, pero que tres millones de euros le hubiesen solucionado la vida. «No; me la hubiesen complicado. Yo no soy de lujos, no me gustan los yates, el mar me da miedo. Coches, ya tengo una furgoneta. Y viajar tampoco me gusta. ¿Qué iba a hacer yo con tanto dinero?»

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Pascual no vendió. Fue el único que no vendió. De las 15.000 viviendas proyectadas hoy solo hay levantadas media docena, que corresponden a los diferentes chalets pilotos. Eso, y dos presuntuosos arcos de entrada a la urbanización, convertidos ahora en la entrada a la nada.

Comparan a Pascual con un David contra Goliat. «Bueno, yo también sé hacer hondas… Y hay que tener cuidado, porque la piedra de la honda, si no la sabes lanzar, te puede acabar golpeando a ti mismo». Y no sé si está haciendo una metáfora, o simplemente aplicando el sentido común, que es lo que lleva haciendo toda la mañana y toda su vida.