La pista de aterrizaje aún no está preparada

La reciente sentencia del Tribunal Constitucional planeó sobre el debate del Congreso, pero la reforma constitucional necesita un proceso de maduración

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El Tribunal Constitucional les ha dado la pista donde aterrizar". La frase es de Joan Herrera, el más solvente de los tres representantes del Parlament que intervinieron en el debate del martes sobre la petición de la Cámara catalana de que el Estado cediera la competencia para "autorizar, convocar y celebrar un referéndum consultivo" sobre el futuro político de Cataluña. Varios de los portavoces parlamentarios, incluido Mariano Rajoy, mencionaron la sentencia del TC a la que se referia Herrera, que invita a una reforma constitucional para resolver el problema catalán, pero en el caso del presidente del Gobierno la alusión pareció meramente retórica.

La sentencia del 25 de marzo sobre la declaración de soberanía del Parlament del 23 de enero de 2013 rechazaba, basándose en los artículos 1 y 2 de la Constitución, que Cataluña puede definirse como "un sujeto político y jurídico soberano" y que, en consecuencia, pueda convocar un referéndum de autodeterminación. Pero a renglón seguido los 12 magistrados, que adoptaron su resolución por unanimidad, sorprendieron a todo el mundo al admitir un encaje constitucional del llamado "derecho a decidir" siempre que no sea una manifestación del derecho de autodeterminación, sino "una aspiración política a la que solo puede llegarse mediante un proceso ajustado a la legalidad constitucional".

Es decir, la sentencia negaba, en contra de lo que había defendido siempre el Gobierno del PP, que el "derecho a decidir" fuera inconstitucional (un tanto para la Generalitat) y, por el contrario, admitía que podía ejercerse, pero siempre de acuerdo con la legalidad constitucional (un tanto para el Gobierno). Es una manera de invitar a la reforma de la Carta Magna puesto que la actual no permite una consulta sobre la soberanía. La sentencia sorprendió tanto a la Generalitat que al principio la descalificó, pero, una vez leída con detenimiento, ha pasado a elogiarla.

Duran y Rubalcaba coinciden

De ahí que Josep Antoni Duran Lleida fuera quien más veces se refirió en el debate a la sentencia. "Ruego a esta Cámara que no cierre las puertas" que ha abierto la resolución del Constitucional, dijo. Duran insistió también en otro aspecto recogido en la sentencia: que el contencioso entre Cataluña y el resto de España es un "pleito político, no jurídico".

El TC lo explica así: "Los problemas de esta índole [los derivados de la voluntad de una parte del Estado de alterar su estatus jurídico] no pueden ser resueltos por este tribunal" y "por ello los poderes públicos y muy especialmente los poderes territoriales (...) son quienes están llamados a resolver mediante el diálogo y la cooperación los problemas que se desenvuelven en este ámbito".

O sea, el TC apela a la negociación política, idea que se completa con que la democracia española no es una "democracia militante" ni de "adhesión positiva" a la Constitución, que permite acoger cualquier idea. El tribunal recuerda además que no hay ningún "núcleo normativo inaccesible a los procedimientos de reforma constitucional".

La pista de aterrizaje, pues, como decía Herrera, está diseñada, pero el debate y las reacciones posteriores han demostrado que aún no está preparada para que el avión del conflicto o del proceso soberanista tome tierra: falta echar el asfalto, comprobar su resistencia y plantar las balizas para que los aparatos no se estrellen.

Hasta ahora, quien tiene más avanzado el diseño de la pista es el PSOE. Alfredo Pérez Rubalcaba expuso en el debate su propuesta de reforma constitucional para completar en sentido federal las carencias del Estado autonómico. En cuatro aspectos: delimitación clara de competencias entre el Estado y las comunidades; Senado territorial; financiación autonómica justa y solidaria, y encaje de la singularidad de Cataluña.

Para superar la contradicción imposible de que una parte (Cataluña) no puede decidir sobre el todo (España), argumento que defendieron tanto Rajoy como Rubalcaba, el PSOE propone que primero voten todos los españoles la reforma constitucional y que luego voten solo los catalanes otro Estatuto elaborado a partir del nuevo marco establecido en la Constitución revisada. A la reforma constitucional se apuntó también Duran Lleida, aunque matizó que la Carta Magna solo necesita "apenas tocarla", un retoque mesurado.

Rubalcaba y Duran Lleida coincidieron en otra cosa: aquí hay un problema y hay que resolverlo. Y la forma de resolverlo es con el diálogo y la negociación. Diálogo que también ofreció Rajoy, pero sin admitir que exista un problema grave en la relación entre Cataluña y el resto de España.

Oferta retórica

La oferta de reforma constitucional del presidente del Gobierno, que se basó también en la sentencia del TC, sonó retórica, porque invitó a los nacionalistas a intentarla, pero ni siquiera se pronunció sobre si su Gobierno y su partido están a favor. Al día siguiente, el portavoz del PP, Alfonso Alonso, aclaró las cosas al decir que la reforma de la Constitución no figura entre las prioridades del PP.

Tampoco figura entre las prioridades de los nacionalistas catalanes, que la ven complicada y tardía, y siguen empeñados en la estrategia del apresuramiento, como si la independencia de Cataluña estuviera a la vuelta de la esquina. El conseller de la Presidencia, Francesc Homs, se aprestó en las horas siguientes al debate a despreciar cualquier posibilidad de comprensión de lo ocurrido en el pleno, mientras que el presidente de la Generalitat, Artur Mas, salió inmediatamente a decir que la votación negativa del Congreso no va a parar el proceso.

La realidad es que la votación del Congreso (299 en contra, de 350) se enfrenta a la del Parlament (87 a favor, de 135). Son dos mayorías cruzadas que gozan de la misma legitimidad, cada una en su ámbito. Y la única manera de conciliarlas es la doble votación, de todos los españoles y después solo de los catalanes.

Pero, para que eso se produzca, es imprescindible, aunque quizá no sea suficiente, que cambien las mayorías en el Gobierno y en el Congreso. Y eso solo puede ocurrir en las elecciones generales de 2015. Mientras, habría que intentar que los aviones no se estrellaran en la pista.

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Este post ha sido publicado en el blog Zoom News.