29 mar 2020

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Al contrataque

Elecciones europeas

Manel Fuentes

Nuestra preocupación colectiva por Europa normalmente no ha sido ni sentimental ni política. Lo que más, y casi lo único, que nos ha tenido en vilo ha sido la moneda que tenemos en el bolsillo. Todos contuvimos la respiración hace unos meses cuando parecía que el euro se nos iba al carajo, ya que dentro de este desastre el euro es aún  hoy nuestro paraguas. Vamos, que sin euro España estaría oficialmente en quiebra. Así de claro. Con una deuda pública y privada impagable contra un débil crecimiento y un paro desbocado, pertenecer a este club imperfecto nos ha salvado de momento.

Todos sabemos que la cosa nació mal porque el euro no vino acompañado de una política fiscal y económica común. Ni lo hicimos en tiempo de bonanza, ni lo hemos hecho en tiempo de penuria. Hoy la mayoría de los estados miembros, y especialmente los más chovinistas, escurren el bulto y ante el horror a perder sus palancas económicas específicas se niegan a cambios que de una vez por todas estructuren la Unión. ¿Cuántas directivas europeas han incumplido nuestros gobiernos? ¿Cuántos de nuestros políticos se han escudado en que era Europa quién nos obligaba a tomar medidas impopulares, cuando nosotros también formamos parte de este club? Los tiempos electorales y los intereses de partido nunca coinciden con los que la construcción europea requeriría, y ahora apelando a la responsabilidad lo que volverá es el circo.

En mayo los partidos querrán que votemos a sus candidatos al Parlamento Europeo. El PSOE nos enseñará a Martin Schulz y el PP a Jean-Claude Juncker, cuando corre el rumor de que, gane quien gane, quizá ni uno ni otro ocupen la presidencia de la Comisión Europea, no sea que les dé por hacer lo que deben y metan en aprietos a los gobiernos nacionales. O se desmienten ya esos rumores y nos empiezan a explicar cómo vamos a unificar las políticas fiscales y económicas para tener un futuro común, o realmente estaremos alargando esta opereta de mal final.

Las autoridades monetarias europeas siguen jugando con fuego al no actuar ya contra la posible deflación, sabiendo que si se entra en ella no hay política conocida que nos saque del pozo en poco tiempo. Las autoridades políticas de cada país miran solo por sus tiempos electorales y por mantener a salvo sus migajas; y a los que les va mejor tampoco se les ven una generosidad ni unas ganas de liderar este club de cojos.

Frenar el populismo

Desde que pusimos el euro en nuestras vidas, ningún país de la UE ha renunciado a las particularidades económicas que le aportaban ventajas competitivas respecto de sus socios para tener una visión generosa y constructiva de conjunto. O lo hacemos ya, con responsabilidad y decisión, o el populismo avanzará hasta que la unión ya no sea posible. ¿Qué elegirán hacer nuestros políticos?