02 abr 2020

Ir a contenido

El cambio climático

Polución sin fronteras

Jaume Giné Daví

La contaminación de Pekín llega hasta Seúl y en Tokio aseguran que también envenena el monte Fuji

En el 2008 residí unos meses en Seúl. Algunos días un polvo rojizo ensuciaba mis labios. Me contaron que se debía a las nubes con finas partículas contaminantes que, desde el área de Pekín, llegaban regularmente hasta Corea del Sur. El problema se agudizó a partir de entonces. También afecta a Japón. El 26 de febrero, la concentración de partículas en el oeste del archipiélago nipón alcanzó los 70 microgramos por metro cúbico. En Pekín alcanzó aquel día los 557 microgramos, un nivel más de 20 veces superior al máximo recomendado por la OMS. La situación es tan crítica que el ministro de Asuntos Exteriores japonés prevé compensar a su personal diplomático en China con unas primas justificadas en la peligrosa polución que soportan. Panasonic concedió estos pluses al personal expatriado en sus filiales chinas. También Honda y Canon les distribuyen purificadores de aire y máscaras.

China creció espectacularmente, pero con un grave impacto medioambiental que afecta a la salud de millones de personas. Es la primera emisora mundial de CO2 y cuenta con algunas de las grandes ciudades más contaminadas. Según la revista médica británica The Lancet, la polución causó unos 1,2 millones de muertes prematuras en el 2010. Expertos chinos sitúan la cifra entre 350.000 y 500.000. Al alto coste humano cabe sumar los costes económicos y empresariales. Y crecen las tensiones sociales ante la inercia de los poderes públicos. El Gobierno chino se comprometió reiteradamente a corregir la situación. El pasado 5 de marzo, en su discurso inaugural de la Asamblea Nacional Popular, Li Keqiang declaró otra vez «la guerra a la polución» y anunció un fondo estatal para combatirla. Pekín lleva tiempo aprobando una legislación que luego no se cumple. Solo en situaciones límite se restringe la circulación de automóviles o se cierran centrales térmicas y otras empresas contaminantes. O se para o reduce la producción durante las alerta naranja decretadas por las autoridades. Pero lograr resultados efectivos requerirá más tiempo.

La India es otro gigante territorial y humano donde se disparó la polución en ciudades como Nueva Delhi, Calcuta y Bombay. El aire de Nueva Delhi es tan nocivo como el de Pekín, sobre todo en los meses fuera del monzón. La alta contaminación afecta en especial la salud de los más pobres y los niños. La situación se agrava porque las autoridades indias no priorizan las políticas medioambientales. Según la OMS, la polución también causa estragos en otros países asiáticos en desarrollo y densamente poblados como Indonesia, Pakistán, Bangladesh e Irán. En junio del 2013, una descontrolada quema de bosques en Indonesia provocó una polución que ensombreció los cielos de Singapur y Malasia.

La lucha contra la contaminación exige respuestas a nivel estatal e internacional. Afecta, en mayor o menor medida, a todos los continentes y regiones del mundo. No se libran ni los países más avanzados. La cumbre sobre el cambio climático celebrada en Varsovia en noviembre del 2013 se cerró con pocos avances para alcanzar un acuerdo internacional vinculante que frene el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera.  Según Global Carbon Project, China fue el causante del 27% las emisiones mundiales en el 2013, más que EEUU (14%) y la UE (10%). Pero el consumo de carbón sigue creciendo en todo el mundo, incluso en Europa. La apuesta por las energías renovables no se consolida mientras se reactiva la opción nuclear, incluso en Japón.

La Unión Europea endureció una legislación medioambiental que no siempre cumplen los estados. La Agencia Europea del Medio Ambiente alertó, el pasado 15 de octubre, de que el 90% de la población urbana europea está expuesta periódicamente a concentraciones de partículas contaminantes en el aire. Basta recordar los altos niveles de polución del aire que obligaron el 17 de marzo a restringir el tráfico de coches en París.

Por cierto, en Varsovia, los estados se remitieron a la próxima cumbre de París en marzo del 2015. La cuestión de fondo es la falta de voluntad política de los estados para abordar drásticamente el problema. Japón sí lo hace. La concentración de partículas finas en Tokio disminuyó un 55% entre el 2001 y el 2011 y los vehículos diesel han desaparecido de las calles. En cambio, en Francia el 61,3% de los coches funcionan con motores diesel y solo el 25% lo son diesel limpio.

Hoy desde Tokio se puede divisar, más de 100 días al año, el monte Fuji situado a un centenar de kilómetros de la capital. Pero expertos japoneses detectaron en agosto unos altos niveles de mercurio en la cumbre de la montaña que simboliza a Japón. Dicen que llegó desde China. La polución china incluso cruza el océano Pacífico hasta alcanzar la costa oeste de EEUU. La polución no tiene fronteras.