04 abr 2020

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El espejo de BCNWorld

Joan Coscubiela

El acuerdo entre Mas y Navarro, entre CiU y PSC, para modificar la legislación fiscal al servicio de una empresa, solo tiene una virtud: nos pone delante del espejo y nos muestra lo peor de la política catalana.

Estamos delante de un proyecto, aún por concretar, que salió de la chistera de Mas para esconder la derrota ante la Comunidad de Madrid en una vergonzosa carrera para ver quien se arrodillaba más delante del mafioso Adelson. Una victoria sobre la mafia en la que fue clave la movilización social contra Eurovegas de la ciudadanía del Baix Llobregat.

Este tipo de proyectos viven de la necesidad de los gobiernos de generar en la ciudadanía la esperanza de trabajo, en un entorno social muy degradado por un paro grave y crónico, y son propicios a la manipulación de los intereses y a los sentimientos de la ciudadanía. Aún recuerdo el acoso al que fue sometido Lluís Tejedor, alcalde de El Prat, por hablar claro y no claudicar ante el populismo peronista de los defensores de Eurovegas. Una práctica que algunos quieren repetir con los representantes de ICV-EUiA en Tarragona, por atreverse a discrepar.

Como pasa en estos casos, el gran argumento suele ser la promesa de creación de empleo, que, en muchas ocasiones, o no se concreta o se concreta en unas dimensiones que nada tienen que ver con las promesas hechas, mientras las contrapartidas de la sociedad siempre se pagan por avanzado.

De momento, el que es seguro es que La Caixa consigue la recualificación urbanística de sus terrenos, sea cual sea el futuro del proyecto y su dimensión. Ya tenemos, pues, alguien que ha ganado: La Caixa. 

A continuación tenemos una rebaja de las tasas del Juego del 55% al 10% para el futuro casino y, obviamente, para la resta de casinos instalados en Catalunya. Y ya han salido voces que piden la ampliación de esta rebaja a otras modalidades del juego. Esta decisión ayuda muy poco a crear consciencia de la necesidad de un sistema fiscal más justo. Y envía un mensaje peligroso en pleno debate sobre la Reforma Fiscal en España, que estoy seguro que el PP utilizará contra el PSOE.

Este acuerdo nos ofrece la posibilidad de reflexionar y debatir sobre qué país queremos que sea Catalunya. 

El turismo es una industria clave para Catalunya y tiene que formar parte de una estructura económica equilibrada. Pero tendríamos que tener claro que no nos interesa cualquier turismo. En la relación entre ventajas y costes, tenemos que tener presentes las experiencias anteriores. Las positivas de un turismo cultural y respetuoso con el entorno, desestacionalizado. Y las negativas por sus impactos de "turismo de borrachera", concentrado en un período breve del año. 

No creo que ni en Tarragona ni en Catalunya nos interese atraer los riesgos de la ludopatía. El precio que podemos acabar pagando, especialmente en el entorno cercano, puede ser superior a las teóricas ventajas. Tarragona dispone de uno de los clústeres más dinámicos de toda España, el de la industria química. Es en esta dirección y en su reindustrialización en la que se debería de trabajar. Y recordar qué ocurre cuando, como en el caso de la burbuja urbanística, los recursos privados y públicos se dirigen a incentivar un capitalismo especulativo.

Una segunda reflexión que tenemos que hacernos como país es para qué queremos más autogobierno. ¿Queremos utilizarlo para hacer un país fiscalmente más justo, o bien para hacer dumping fiscal y participar en una carrera para ver quién se somete más y más rápido al capitalismo "de casino", en este caso en su sentido literal?

Tampoco no tendríamos que olvidar la vergonzosa relación que en las últimas tres décadas se ha establecido en Catalunya entre propietarios de casinos y el Govern catalán en las etapas de CiU. Una relación corrosiva para la ética pública. Lo saben muy bien los trabajadores de los casinos, por su indefensa ante unas empresas que han contado con la connivencia del Govern para incumplir todas las leyes. Y esto sin entrar en el terreno pantanoso de las fuentes de financiación de algunos partidos.

Sinceramente, en la operación hay, desde una perspectiva pública, más riesgos que oportunidades. Y lo que es seguro es que, de momento, las contrapartidas son públicas -es decir, de todos- y las ganancias, privadas. 

No me atrevo a entrar en las razones que ha tenido la dirección del PSC para firmar este acuerdo. Es cierto que siempre van a estar a favor de Eurovegas, pese que en el Baix lo decían con la voz pequeña y en otros lugares había oposición. Pero, sinceramente, no sé ver la lógica de este acuerdo. Ni desde la perspectiva de país, ni desde la de partido, que seguro que la tiene.