La rueda

El nuevo país está llegando

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El diputado Carles Campuzano sorprendió hace unos meses en su blog con una nota en la que apelaba a «reivindicar el gen pactista» de su partido: «CDC no tiene que hacer de galgo del soberanismo, sino de máquina que construya mayorías y ensanche convicciones». Campuzano, que la semana pasada propuso elegir al secretario general de su partido mediante primarias, añadía que «sin vocación de pacto la política queda condenada al conflicto que bloquea y no permite transformar la realidad».

La política catalana cambió radicalmente de paradigma tras la manifestación del 11 de septiembre del 2012. Y no parece verosímil pensar que, dado el relato alimentado y los hechos consumados desde el Gobierno de España, el rumbo político hubiera podido coger una dirección muy distinta. Sin embargo, la velocidad de los hechos -y la aparente apuesta al todo o nada- puede tener consecuencias no deseadas, no ya para unas formaciones políticas en concreto sino también para los intereses políticos que defienden.

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De ahí, por ejemplo, la aproximación de Toni Comin a ERC. Más allá de una cuestión electoral, ERC tendría la vista puesta en la necesidad de ensanchar alianzas entre federalistas de origen e independentistas, llegado el momento en el que la tensión política tenga un punto de inflexión y el pacto entre propios y extraños fuera posible.  Y de ahí, por ejemplo, la reciente publicación del libro Un perfil propi, en el que el periodista Francesc Soler entrevista al conseller Santi Vila.

El conseller advierte de que «o las cosas cambian o nos vamos», pero prepara el terreno para escenarios por ahora impensables. «En algún momento deberemos pactar una victoria compartida», dice en relación a España. El nuevo país está llegando, pero quizá con ritmos y estructuras que todavía somos incapaces de visualizar. Sutilmente, pero todos mueven ficha.