editorial

El límite de la capacidad turística de la Rambla

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La Rambla de Barcelona es un lugar tan singular que no sirve para medir de forma exacta el impacto del turismo en la ciudad, pero sí es un buen indicativo de la tendencia. Según el último recuento, unos cien millones de personas pasan por allí cada año; es decir, que cada día la transitan 200.000 personas, y 300.000 los festivos. Cabe preguntarse si eso equivale a la saturación, y los planes del consistorio para reordenar de nuevo la vía indican que probablemente sí.

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Casi el 80% de esa muchedumbre son gentes de paso, puesto que solo el 21% de ellos son de Barcelona. Si descontamos a quienes trabajan y viven en la zona, es fácil llegar a la conclusión de que la población local evita un paseo tan bullicioso como este. Los comerciantes de Ciutat Vella tienen interés en que se mantengan los atractivos y las singularidades que han hecho de la Rambla lo que es, pero sin el contacto con los propios barceloneses el lugar será cada vez más un emplazamiento eminentemente turístico.

Es una asignatura muy difícil de resolver, pero si algo queda claro es que incluso entre los turistas este histórico paseo barcelonés ha perdido atractivo: es visitado, pero no valorado. Su masificación empieza a recordar a las playas más concurridas de la costa, invadidas como la Rambla por negocios de restauración de cadenas o franquicias, iguales aquí que en Marbella, Londres o Estambul. Y caros. No hay que alarmarse, pero el riesgo de morir de éxito es real y los datos están ahí, a simple vista.