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Este domingo se celebró la primera vuelta de las elecciones municipales francesas. Unas elecciones que se producen con el gobierno de Hollande herido de muerte y en franca retirada política y cultural frente a la hegemonía del neoliberalismo y el austericido que practica la derecha.

Hollande generó grandes esperanzas de cambió al ganar la presidencial. Su campaña, centrada fuertemente en derrotar la austeridad y con la igualdad como bandera (con magnífico y épico vídeo de campaña construido sobre la igualdad en la historia de Francia), se presentó como el artífice de un cierto retorno a los valores de justicia que inspiran a una mayoría de franceses y francesas.

Pero Hollande ha defraudado. A la segunda reunión con Merkel, izó la bandera blanca. No lo dice en público, pero es sabido que los miembros de su gobierno sí lo dicen en privado y así lo practican: Hollande se ha convencido que Francia requiere un duro ajuste presupuestario y salarial. Lo cual supone una gran estafa electoral por parte de alguien que no se presentó ante los franceses con este programa. El último capítulo de este giro, los 50.000 millones de recortes anunciados entre 2015 y 2017 el día que tenía al público distraído con sus líos de faldas.

No hablemos ya de su política de inmigración, con el Ministro Valls recordando al peor Sarkozy cuando paseaba por las barriadas de Francia tachando de “escoria” a la población migrada. ¿Cómo calificar sino el episodio de la menor Leonarda, detenida en el autobús del colegio delante de sus compañeros de clase y expulsada de Francia como si fuera una delincuente, o su discurso de duro con los inmigrantes?

Austeridad y seguridad, las dos banderas que han definido a Hollande en estos primeros años de gobierno. Que nadie se extrañe entonces que los grandes beneficiados de estas elecciones sean la UMP y el FN (estos primeros, incluso, con una crisis de liderazgo sin resolver y con Sarkozy ahogado entre escándalos).

Y que la campeona sea la abstención. Con sus políticas, Hollande ha situado el debate público en el campo de la derecha, ha mandado a la izquierda a la abstención y ha movilizado al electorado del Frente Nacional (se percibe una relación bastante clara entre voto al FN y participación más elevada).

Lo más preocupante, sin duda, es este auge del Frente Nacional. Presentando 597 listas en ciudades de más de mil habitantes (frente a las 119 de 2008), ha sido primera fuerza en muchas de ellas, como Hénin-Beaumont (donde obtiene la alcaldía en primera vuelta al pasar del 50%), Béziers, Perpignan, Avignon, Fréjus, entre otras. La gran pregunta ahora es qué ocurrirá en las triangulares con el Frente Nacional. Las primeras declaraciones de Copé (UMP) y de los socialistas no auguran nada bueno: Copé ya ha anunciado que no habrá acuerdos con el PS para frenar al FN.

Debemos tomarnos muy en serio este avance, que se repetirá previsiblemente en las elecciones europeas. Y ser conscientes que hoy la austeridad y la legitimación de discursos de extrema derecha por parte de gobernantes democráticos son hoy el motor principal de su crecimiento.

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La excepción a este auge del FN, precisamente, ha sido París. Allí el PS y Los Verdes mantienen buenos resultados y todo indica que no tendrán dificultades para imponerse en segunda vuelta. Quizá la gestión claramente a la izquierda del alcalde Delanöe ha tenido algo que ver en el resultado y en la inexistencia de extrema derecha en el cómputo electoral. Él mismo lo ha dicho esta mañana: “en los barrios populares de París no crece el Frente Nacional porque la izquierda ha conciliado sus valores con sus actos concretos”.

Finalmente, estas elecciones dejan también alguna lección para la izquierda alternativa. Además del buen resultado del candidato de Los Verdes en París (8%), se han cosechado buenos resultados en general en aquellas ciudades dónde ha habido coalición entre el Parti de Gauche de Mélenchon y Les Verts. En Grenoble, la coalición ha vencido en primera vuelta. Y en Poitiers, Rennes y Palaiseau ha cosechado excelentes resultados. Prueba de que frente a un errático Hollande hay que apostar más que nunca por la unidad de acción. Así y sólo así se crean las condiciones para ganar frente a una socialdemocracia en franca retirada. Esa es también hoy otra lección europea.