Estrategias oblícuas

Espías y 'hackers' en la justicia

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En el pequeño universo de la Audiencia Nacional se ha montado un gran revuelo tras conocerse que uno de sus fiscales, Carlos Bautista, usó un seudónimo en Twitter para criticar a sus compañeros desde el anonimato. Bautista, escondido como @cespiralidoso, no dijo nada diferente a lo que otros jueces o fiscales cuentan de los demás egos de la Audiencia en cualquier conversación informal. Pero sus comentarios por escrito sobre el juez Fernando Andreu o su superior Torres-Dulce le pueden costar una sanción.

La gravedad del asunto, sin embargo, no está ahí. Lo que de verdad debería preocuparnos es cómo se descubrió que @cespiralidoso era Bautista, ya que todo apunta -y así lo ha denunciado el propio afectado ante la policía- a que alguien cometió un delito al interceptar sus comunicaciones sin orden judicial. Una persona u organización espió el ordenador de Bautista, todo un fiscal de la Audiencia Nacional.

El caso podría parecer anecdótico, pero cuando las coincidencias se juntan no suele ser casualidad. Llueve sobre mojado, y no solo por las revelaciones de Snowden sobre la NSA. Hace unos meses, la Fiscalía Anticorrupción sufrió ataques informáticos. Alguien entró en los ordenadores de los fiscales y se pudo llevar un material muy valioso: allí se guardaban documentos sobre el crimen organizado, el caso Nóos y el caso Falciani.

Nóos no es un caso menor, pero el de Hervé Falciani tampoco se queda corto. La Fiscalía Anticorrupción lleva años trabajando en su listado de defraudadores. Este informático se llevó los datos de 130.000 cuentas corrientes en Suiza del banco HSBC y en esa lista figuran españoles de enorme poder.

Entre la información que pudo ser robada, la Fiscalía teme por unos archivos especialmente sensibles: los extractos de cada caso. Se trata de una hoja de ruta secreta que por ley escribe cada fiscal, por si es otro compañero el que finalmente tiene que ir a juicio. Es una manera de garantizar que, si el fiscal cambia, el nuevo sepa por dónde seguir. Para algunos acusados, el extracto vale su peso en oro: con él, podrían conocer todas las cartas de la Fiscalía antes del juicio.

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¿Espían a la justicia? No les quepa duda, y es posible que se haga con tecnología made in Spain. En el último congreso de seguridad informática RootedCon, varios expertos explicaron con detalle que Careto -un potente programa espía recientemente detectado- es de origen español. ¿Que cómo lo saben? Entre otras cosas, porque entre sus miles de líneas de código aparece una expresión que solo se usa en España: «Caguen1aMar».

Careto no es la travesura de un chaval: es un software complejo y muy caro de desarrollar. ¿Quién tiene fondos en España para pagarse un juguete así? Piensen mal y probablemente acertarán.