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Ficciones y autoengaños

Joaquim Coll

Cuando a mediados del año pasado alerté del riesgo de un «accidente insurreccional», el establishment periodístico barcelonés me afeó el concepto. El prestigioso Enric Juliana sentenció que era «gramática para atemorizar». Sin embargo, cada vez se habla más de que algo feo pueda ocurrir. Esta semana, en la reputada London School of Economics, en un debate sobre la recuperación económica española, diversos expertos como el profesor Luis Garicano advirtieron de que, si bien por ahora los mercados están pasando por alto el envite secesionista, el riesgo de un accidente puede empezar a percibirse como real si se sigue acumulando incertidumbre política. A nadie se le escapa que el primero que alienta este tipo de especulaciones es el propio Govern y su portavoz, Francesc Homs. Hace poco más un mes, cuando se desataron los disturbios revolucionarios en la plaza Maidán de Kiev, no tuvo empacho en afirmar, en un extenso documento de respuesta al primer informe del ministro García-Margallo, que «si el debate soberanista se cierra en falso, puede desembocar en una situación como la que vive Ucrania». Paralelamente, Jordi Pujol aconsejaba como estrategia hacer mucho ruido en la calle y convertir Catalunya en un problema de la UE. Recientemente, mientras el titular de Exteriores cometía el error de mirar demasiado a Crimea para criticar la consulta, Artur Mas no ha podido evitar decir que no descartaba una declaración unilateral. Aunque no es más que ficción, la estrategia de la amenaza nunca se sabe cómo acaba.

Si los soberanistas aceptaran que no va a ocurrir nada el 9 de noviembre porque nada pueden hacer sin cambiar antes la Constitución, el proceso moriría al cabo de un minuto. Su estrategia, por tanto, es muy clara: echar cada día leña al fuego, mediante encuestas sesgadas, como la última del CEO, o una programada cascada de gestos y declaraciones para que no decaiga la fiesta. El propósito es que ocurra algo que evite que el pleito entre en una vía muerta. Ahora bien, este tipo de juegos son peligrosos. Mas va a intentar por todos los medios firmar el decreto de convocatoria de la consulta, aunque sabe que luego los tribunales la pararán. Busca un gran gesto que le salve la legislatura, aún a riesgo de excitar a los sectores más radicales.

Y aquí es donde entra en juego el poderoso entramado asociativo secesionista. La hoja de ruta de la Assemblea Nacional Catalana está pensada para desencadenar el accidente insurreccional en caso de bloqueo. Su objetivo es proclamar la independencia el día de Sant Jordi del 2015, de una forma u otra. Su programa es un completo desvarío, pues se atribuye una representación que no tiene. Vivir en la ficción conduce a peligrosos autoengaños.