22 feb 2020

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¿Una alcaldesa feminista?, ¡sí!

Laia Bonet

Un año más, 8 de marzo. Un año más, el Día Internacional de la Mujer. Y un año más lo conmemoramos (¡por supuesto!), pero lo celebramos con reservas. No es ninguna novedad que las desigualdades entre hombres y mujeres continúan, y lo hacen en todos los ámbitos y de manera alarmante, según apuntan todos los datos. Y que la reciente ofensiva del PP contra la libertad de la mujer con la ley Gallardón, gravemente restrictiva del aborto, proyecta sombras sobre la conmemoración de este año.

Por cierto, es muy significativo y triste que por primera vez desde 1977, Barcelona no tendrá declaración institucional con motivo del Día de la Mujer. Trias, de la mano del PP y no de los derechos de las mujeres.

En estas primarias ciudadanas, con las que el PSC de Barcelona quiere escoger su liderazgo político y electoral, se abre la posibilidad real de que una mujer encabece el proyecto socialista. He dicho, en reiteradas ocasiones, que el combate contra las desigualdades es el combate central de nuestra propuesta. Y que la manera comprometida de ser progresista hoy es ser ecologista y feminista. En consecuencia, asumo la condición feminista como mujer, como socialista y como candidata en este proceso electoral. Sí, no solo quiero ser la primera alcaldesa de Barcelona, sino que quiero ser una alcaldesa feminista. Porque la igualdad es la base de una sociedad más justa y más democrática.

Aspiro, pues, a combatir las injusticias en cinco grandes ejes, de la mano de muchos colectivos y muchas organizaciones y personas comprometidas en este combate:
- La situación de la mujer en el mercado laboral. Las mujeres cobran de media un 20,1% menos por hora que los hombres, a pesar de que el 44,8% de las mujeres ocupadas tiene formación superior. O, cuando una pareja tiene hijos, la tasa de ocupación de la mujer se hunde un 20% y la del hombre aumenta un 8%. Lo dice el Informe sobre la mujer en el mercado laboral de la UGT de Catalunya. Como mujer y como socialista aspiro a una igualdad real de oportunidades, responsabilidades y salarios. Quiero que se ponga en valor el talento femenino. La recuperación económica, de hecho, solo será posible con la plena incorporación de las mujeres en el mercado de trabajo, en condiciones de igualdad de oportunidades. La igualdad no puede ser, en ningún caso, un objetivo secundario, que solo consideramos en época de bonanza económica, ni un sobrecoste prescindible para las empresas o las instituciones, en tiempos de crisis.
- Discriminación por razón de sexo. El arrinconamiento de la mujer en la toma de decisiones en la gran mayoría de empresas, organizaciones e instituciones continúa siendo una constante. Las mujeres del 2014 somos las mejor formadas de la historia, y hace falta nuestro talento para que la ciudad y el país sean más competitivos, pero también más justos y solidarios. Aspiro, en primer lugar, a que se corrija esta segregación vertical, y esto implica que los contenidos que las mujeres aportan sean no solo respetados sino que circulen con la misma fuerza con la que lo hacen los de los hombres, que se les dé el mismo valor y que tengan la misma posibilidad de salida. La no discriminación tiene que ser un objetivo de país, porque la sociedad catalana no se puede permitir desaprovechar el talento y el potencial femenino de que dispone. Me comprometo a impulsar el papel educador y activo que tiene que tener la ciudad en la lucha contra el machismo y la violencia de género. Habrá más implicación municipal. Un Gobierno por la igualdad, que siga el hilo de tantas luchas de las mujeres y los movimientos sociales progresistas. Barcelona ha sido pionera en la lucha por la emancipación de la mujer y tiene que continuar siéndolo.
- Maternidad. Quiero elegir libremente mi maternidad, y hacerlo de manera responsable. Por eso pido la retirada del proyecto de ley sobre el aborto y volver a la legislación vigente sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Entiendo la maternidad como una elección, no como una obligación; como un derecho, y no como una carga. Dicho esto, creo que la maternidad y la paternidad son un valor de TODA la sociedad y, por lo tanto, aspiro, como progresista, a que se proteja. 
- Violencia machista. La violencia contra las mujeres tiene su origen en un sistema de relaciones de género que mantiene la preeminencia de los hombres sobre las mujeres. Violencia física, psicológica y sexual. Sin duda, la principal prioridad en salud pública es la prevención contra la violencia machista. Apenas hace tres días un macrosondeo de la UE alertaba de que una de cada tres mujeres europeas ha sufrido violencia sexista. Tenemos que proteger eficazmente, es decir, legalmente, a las mujeres que sufren violencia machista, que continúan, muchas, sin denunciar. Hacen falta, también, medidas preventivas, mediante la educación, un trabajo que se tiene que hacer en las escuelas, pero también en casa. 
- Separación entre el ámbito productivo y el reproductivo. La mujer ha sido, tradicionalmente, eje central. Lo ha sido en casa, en el ámbito familiar, pero también fuera. Las mujeres, sin embargo, no queremos hacer ‘tots els papers de l‘auca’. Queremos compartir, queremos un equilibrio real entre hombre y mujer. Hay que romper de verdad la vinculación tradicional y exclusiva de la mujer al mundo privado frente a la vinculación del hombre al mundo público. Y para hacerlo posible hace falta una organización horaria y social del tiempo que posibilite el equilibrio entre la vida privada y la profesional, entre el trabajo y el ocio.

Yo, como cualquier otra mujer, he sufrido injusticias, y aspiro a combatirlas. Aspiro a ganar la batalla en casa, pero también en la comunidad. Las ideas importantes de esta ciudad y de este país han tardado años en materializarse. Hacen falta personas tercas, constantes, trabajadoras, que crean. Y hacen falta políticas colectivas que las acompañen. Quiero cambiar las cosas, quiero trabajar para lograr la plena igualdad de oportunidades. Y a esta lucha se tienen que sumar los hombres, está claro. Esta no es una reivindicación exclusiva de las mujeres. En el reto de la igualdad tenemos que estar todos y todas, hombres y mujeres por igual. Y quiero que todo esto pase en mi casa. Y mi casa es Barcelona. Decía Pericles, el alcalde más importante de la antigua Atenas, que las cosas importantes y buenas fluyen en la ciudad. Y Barcelona es, sin duda, el mejor marco para trabajar y potenciar estas cosas importantes y buenas a las que todos y todas aspiramos.