Los contrarios a la independencia de Catalunya salen del armario

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A medida que avanza el proceso soberanista en Catalunya, las tensiones que provoca se agudizan. Desde que los partidos soberanistas, con el presidente de la Generalitat Artur Mas al frente, acordaron la fecha y las preguntas de la consulta, los sectores contrarios a la independencia han empezado a salir de su mutismo y no hay semana en que no se produzca un episodio de resistencia a la marea independentista.

Desde que la sentencia del Tribunal Constitucional de julio de 2010 anulara y reinterpretara varios artículos del Estatut de 2006 y fijara un modelo de relación entre Catalunya y el Estado español que una gran mayoría de catalanes juzgó incompatible con el deseo de mayor autogobierno, se ha venido agravando lo que el 'expresident' José Montilla llamó "el desapego".

Este distanciamiento progresivo de la sociedad catalana de la idea de España llevó a algunos analistas a pensar que la ruta hacia el soberanismo y la independencia sería un camino de rosas. Se extrañaban de la falta de reacción y de propuestas del Estado y pronosticaban que el pulso Catalunya-España se decantaría del lado catalán prácticamente sin resistencia, por incomparecencia del adversario.

Poderes fácticos tan importantes como las organizaciones empresariales han salido a la palestra estos días con una contundencia desconocida 

Teoría derrumbada

Toda esta teoría se ha derrumbado en los últimos meses y especialmente desde que hemos entrado en el año decisivo, el del Tricentenario de la derrota de 1714 que se conmemora cada 11 de septiembre. El Gobierno central y la sociedad civil contraria a la secesión se movilizan ahora con mayor intensidad que en el inicio del proceso con la primera gran manifestación independentista de septiembre de 2012.

Por dos razones. La primera, porque, abandonados ya los augurios iniciales de que todo era un suflé que iba a bajar en poco tiempo, los poderes del Estado se han puesto manos a la obra para combatir el secesionismo. La segunda, porque el establecimiento a mediados de diciembre de las preguntas y la fecha de la consulta han dado a Mariano Rajoy un nuevo argumento para oponerse, el de que Mas y la Generalitat actúan de manera unilateral y así no se puede dialogar.

De ahí el discurso de Rajoy en la convención del PP catalán el 25 de enero en el que por primera vez expuso de forma articulada los argumentos contrarios a la consulta y a la independencia e intentó contrarrestar con razonamientos jurídicos y políticos las demandas soberanistas que equiparan consulta de autodeterminación a democracia.

Los empresarios hablan

Por su parte, poderes fácticos tan importantes como las organizaciones empresariales han salido a la palestra estos días con una contundencia desconocida. Lo que hasta ahora eran escasos pronunciamientos individuales (José Manuel Lara había sido el más explícito), se ha transformado en significativas manifestaciones corporativas, aunque comenzaran por un grupo de 60 empresarios europeos (la mayoría alemanes), que denunciaron en un comunicado las "nefastas consecuencias" de la independencia de Cataluña, que quedaría fuera de la Unión Europea (UE) y posiblemente del euro.

El párrafo más polémico de esta sorprendente declaración era el que alertaba de los "peligros de un fervor nacionalista que en el último siglo ha traído sufrimientos inconmensurables sobre Europa y que tampoco traerá nada bueno para Catalunya".

La reacción de algunos políticos y comentaristas a estas opiniones ilustra sobre el nerviosismo y la falta de pureza democrática de algunos sectores independentistas, lo que tanto reprochan a los contrarios a la consulta. El diputado Joan Tardà, de ERC, ha recordado que los empresarios alemanes hicieron negocios con los nazis y el 'exconseller' Josep Huguet, del mismo partido, ha evocado directamente la legión Cóndor que bombardeó Gernika.

"Penós q directius d'empreses alemanyes, enriquides gràcies al nazisme i còmplices d milions d'assassinats, critiquin el nacionalisme català

— Joan Tardà i Coma (@JoanTarda) febrero 11, 2014"

Después de la publicación del comunicado de los empresarios alemanes, el Círculo de Economía alertó a Mas en una reunión de la frustración en que puede acabar el proceso soberanista. Pero el desencuentro de mayor enjundia llegó el pasado lunes cuando el presidente de la CEOE, el catalán Juan Rosell, y el de la patronal catalana, Fomento del Trabajo Nacional, Joaquim Gay de Montellàdieron un portazo a las aspiraciones de Mas de que los empresarios se implicaran más en la ruta soberanista. expresadas el viernes anterior en una comparecencia ante los principales industriales catalanes.

En ese acto, Rosell no dejó de reconocer, no obstante, que España debe entender que con Catalunya hay un problema económico, político y social que hay que afrontar y que no se puede resolver mirando hacia otro lado, criticando veladamente el inmovilismo de Rajoy.

¿Por qué no te callas? 

El martes, el 'president', en otro acto empresarial, esta vez con la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD), tuvo que matizar que solo pedía que las empresas no se mantuvieran al margen. "No hace falta pronunciarse, basta con estar", dijo Mas. Al final de la sesión se produjo un incidente fruto de la crispación. Cuando el presidente de la asociación organizadora, el prestigioso abogado Emilio Cuatrecasas, se declaraba "catalán y español" y pedía diálogo entre Mas y Rajoy, otro letrado le interrumpió con un "¿por qué no te callas?, un respeto al 'president'", reprochándole que hubiera cerrado el acto tras las palabras finales del presidente de la Generalitat, que, según el protocolo, debe hablar el último.

A estas reacciones empresariales se suman las constantes críticas al proceso de Josep Antoni Duran Lleida, las últimas en una entrevista al diario El Punt-Avui, en las que mostraba su "incomodidad" por el proceso soberanista y admitía, en contra de la posición oficial de que todo obedece a la iniciativa popular, que "en las manifestaciones e incluso tras la movilización ha habido fuerzas políticas", en alusión a Convergència y Esquerra.

Duran ha censurado asimismo la comparación, singularmente infeliz estos días, hecha en un informe por el 'conseller' de Presidència, Francesc Homs, en el sentido de que si la cuestión de la consulta "se cerrara en falso", Catalunya podría acabar como Ucrania.

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Las tensiones afectan también a otro partido alineado en el bando soberanista, ICV, cuyo líder, Joan Herrera, ha criticado la "gesticulación" constante de CiU y ERC y ha anunciado que no acudirá a una reunión que Mas quiere organizar para que los partidos defensores de la consulta la incluyan en sus programas para las elecciones europeas. ICV ha boicoteado también un homenaje a Paco Candel, con motivo de los 50 años de su libro 'Els altres catalans'. Figura emblemática de la integración de la inmigración y exmilitante del PSUC, CiU se quiere apropiar ahora del legado de Candel.

Todos estos incidentes sacan a la luz las tensiones soterradas que se mueven en la sociedad catalana. Una sociedad que está lejos de alinearse en la unanimidad que algunos proclaman, pero en la que hasta los empresarios más críticos con el soberanismo admiten la necesidad del autogobierno. Es muy sugerente la idea de que, más que independentista, la sociedad catalana es antidependentista, es decir, está en contra de depender siempre de otros, pero eso no implica necesariamente separarse.