La rueda

Razones para no ser puta

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A la presidenta de Aprosex, Conxa Borrell, que el domingo defendía en este diario su curso de «prostitución para principiantes», he aquí algunas razones por las que esta no debería ser nunca una opción para ninguna mujer.

1. Miles de años en los que nuestros cuerpos eran propiedad de los demás, de los padres, los hermanos, los maridos, la Iglesia, el imán o el chulo, miles de años siendo objeto o herramienta para continuar la especie, ¿y ahora que hemos conseguido ser las únicas propietarias legítimas nos debemos vender al primer postor?

2. La situación idílica de las mujeres que libre e independientemente se dedican a la prostitución es minoritaria, y publicitándose lo único que hacen es legitimar a los puteros, tanto los que pueden pagar una «autóctona libre» de 400 euros la hora como los que se hacen practicar una felación por una ucraniana en el arcén de la carretera por cuatro miserables euros a compartir con el proxeneta y la mafia.

3. Si la necesidad económica es lo que lleva a la prostitución, es que  no es una elección hecha libremente. ¿Aceptamos poner a la venta la dignidad? Pues que también se vendan las vísceras y la sangre.

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4. Si el placer es lo que lleva a una mujer a la prostitución, está pervirtiendo la relación sexual, mercantilizando uno de los ejes fundamentales de la comunicación afectiva entre personas. Si te gusta el sexo, folla, disfruta con quien quieras y cuando quieras tantas veces como te sea posible, pero si cobras lo que haces es aprovecharte del deseo del otro para lucrarte, lo que moralmente es tan grave como el punto número 3.

5. Sin deshumanizar la relación sexual no habría prostitución. Quien quiere una puta no solo quiere sexo, quiere un recipiente vacío, un cuerpo sin persona que no le dé complicaciones. De hecho, a las putas se les paga para marcharse.