Estrategias oblicuas

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En una de las excusas más patéticas que se recuerdan, el ministro de Educación y Cultura ha explicado que no acudirá a la noche de los Goya porque al día siguiente tiene que madrugar. José Ignacio Wert viaja el lunes a una reunión y se esconde tras un supuesto «problema de agenda» para no asistir a una gala, la más importante de su negociado, cuya fecha estaba fijada desde abril del 2013. Al parecer, nueve meses de antelación no son suficientes para la ocupadísima agenda del señor.

Wert es el ministro peor valorado de la democracia dentro del Gobierno con la peor imagen pública desde que la televisión es en color. No es una opinión, es el dato que da el CIS, donde Wert cae en cada barómetro; en el último suspendió con un 1,46 y marcó una nueva plusmarca nacional. Hasta que llegó Mariano Rajoy a la Moncloa, el ministro español peor valorado desde que existe el CIS había sido Carlos Solchaga, que sacó un 2,5 en 1992. Si en vez de un récord de impopularidad hablásemos de los cien metros lisos, Wert los habría corrido en 5,2 segundos. Un aplauso para él.

Wert es el peor valorado y probablemente el más abucheado, y eso explica que se quiera ahorrar el mal trago de una gala de los Goya que probablemente no le va a gustar. Pero el ministro no solo escapa de las críticas del cine español, también huye de su propia responsabilidad y de las consecuencias de su nefasta gestión. Si no le gusta su agenda, que renuncie también al sillón, a la cartera, al despacho y al coche oficial. Ser ministro incluye todo, también lo que le disgusta al señor Wert.

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En cualquier otro país europeo, sería imposible un comportamiento como este. No sería imaginable en Francia, por ejemplo, que un ministro de Cultura boicotease los premios César; estas cosas solo pasan aquí. La derecha nunca ha perdonado al cine español lo que ocurrió en el 2003, en esa gala del 'No a la guerra' contra la locura bélica de Aznar. Desde entonces, estos patriotas, a los que tanto les gusta hablar de la marca España, no han dejado de atacar al cine español que, pese a las zancadillas, ha logrado un indudable reconocimiento internacional

Muchos de nuestros profesionales son profetas en Hollywood, mientras reciben calumnias, castigos y desprecios por parte de su Gobierno. Un día ponen en duda la calidad de su trabajo, al otro les acusan sin pruebas de defraudar, al siguiente les atizan el IVA más caro de Europa y al que viene boicotean sus premios. Ante esto, hay quien cree que los cineastas deberían poner buena cara y no meterse en política. Bajar la cabeza y no rechistar. Olvidan algo: que la personas  del cine son ciudadanos con el mismo derecho a la libertad de expresión que los demás. Ni se callan ni se deben callar.