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MIRADOR

La verdadera lección de dignidad

Pere Navarro

Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos, afirmaba Maquiavelo, avanzándose a la actual situación de la política catalana, que se ha convertido en un espectáculo en el que la ciudadanía contempla, a veces ilusionada, a veces hastiada, a menudo incrédula; una escenificación que, más allá de las aparentes buenas intenciones y de las llamadas a la épica, no aporta ninguna respuesta tangible a las demandas legítimas de más autogobierno, ni ninguna medida concreta que resuelva los problemas cotidianos de la ciudadanía.

Constato cada día las dificultades para cambiar esta manera de hacer instalada en la política catalana gracias a CiU y a su socio-principal partido de la oposición, ERC. Ninguna propuesta sobre políticas sociales, ninguna medida sobre política industrial, ninguna actuación de lucha contra el paro propuestas por el grupo socialista salen adelante, como si la política romana del Panem et circenses se hubiera instalado en la Catalunya actual, pero sin pan.

La banalización del lenguaje también forma parte de esta nueva política. Palabras como dignidad o democracia son desvirtuadas a fuerza de ser empleadas como piedras contra el adversario político. Apelaba a la dignidad, desde estas mismas páginas el pasado lunes, el máximo dirigente del partido que ha permitido sacar adelante unos presupuestos que van contra la dignidad del pueblo de Catalunya.

Pero poco digno es aprobar un presupuesto con 200 millones de nuevos recortes en educación, con 800 millones de nuevos recortes en salud, con el incremento de los copagos por los servicios de atención a la dependencia. Poca dignidad hay en consignar 2.300 millones en ingresos que no saben de dónde sacarán y que temo que acabarán siendo más recortes que pagaremos, como hasta ahora, los trabajadores y las clases medias. Muy pocas lecciones puede dar quien se ha convertido en cómplice de los seculares aliados de la derecha, CiU y PP, y ha sumado sus votos a políticas de recortes.

La voluntad popular y la ley electoral situaron a ERC como principal partido de la oposición. Pero en Catalunya vivimos el hecho insólito de ver cómo la oposición se ha convertido en muleta del Govern, una decisión legítima que no ha ido acompañada de la renuncia al rol de jefe de la oposición. Vivimos, pues, la poco democrática situación que el socio del Govern es el jefe de la oposición.

Mientras, la atención política y mediática se centra en las estrategias parlamentarias para hacer posible la consulta. Una demanda de la ciudadanía que los socialistas compartimos y apoyamos. Creo firmemente que los catalanes y las catalanas tenemos derecho a decidir nuestra relación con España. Y estoy convencido de que las estrategias que se están siguiendo aparentemente para conseguir esta consulta no contribuirán a hacerla posible.

Ni las decisiones unilaterales de una pregunta y una fecha, ni la presentación de propuestas en el Congreso destinadas a ser tumbadas por las mayorías, contribuyen a la consulta. Contribuyen a engrosar la lista de agravios, a fomentar la confrontación. Contribuyen, en definitiva, a aparentar que se trabaja para la consulta cuando solo se actúa de acuerdo con intereses electorales.

No podemos renunciar a luchar contra la crisis, porque fiar todo a un futuro idílico sería no estar a la altura de nuestras responsabilidades. Catalunya nos necesita. Nos necesita ahora y aquí para devolver a la ciudadanía los derechos que ha perdido, y para evitar que pierdan aún más, como puede ocurrir con la reforma de la ley del aborto. Nos necesita para volver a reconstruir el sistema de bienestar que tanto nos había costado construir y que en tan poco tiempo las políticas de austeridad han echado por tierra.

Nos necesita para poner en marcha verdaderas políticas de reactivación económica capaces de invertir en el mejor recurso que tenemos, el capital humano. Nos necesita para impulsar los sectores esenciales para nuestro futuro. Nos necesita para hacer posible, sin aparentar, un futuro en el que podamos decidir democráticamente y vivir dignamente. Esta es la verdadera lección.