La rueda

Mariano, no te calles y pide perdón

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Consciente de que su partido pierde fuelle (con una primera escisión ya consumada para las elecciones europeas) y preside un país con un futuro incierto (la economía solo mejora sobre el papel y hay una crisis institucional sin precedentes en democracia), Rajoy se marcó anteayer un discurso solo apto para convencidos y exaltados. «¡O te callas o reconoces el mérito de la gente!», le soltó a Rubalcaba, como si mandar callar a alguien le cargara de razones para estar orgulloso de su gestión.

Sin embargo, el líder de un partido que está inmerso en el mayor escándalo de corrupción de la democracia; el presidente del Gobierno de un Estado que está sumido en una profunda crisis territorial; el político incapaz de atender las demandas de diálogo de sus ciudadanos; el impulsor de una legislación en materia de derechos y libertades que no apoya ni Le Pen; el autor intelectual (¡hola, Pedro J.!) de esta especie de plan para acabar con su propio país...  si alguna cosa no tiene que hacer es callarse.

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Señor Rajoy, hable: convoque ruedas de prensa y acepte preguntas. Presidente Rajoy, no se calle: conceda entrevistas y explique si cobró o no en negro. Mariano, escucha: atiende las demandas de diálogo que te llegan desde Catalunya. No te calles, presidente, pero pide perdón. Pide perdón por no haber cumplido ni una sola de tus promesas. Pide perdón por entrometerte en el vientre de las mujeres. Pide perdón por sembrar el odio entre tu población.

Mariano, no te calles. Pero pide perdón a quienes engañasteis diciendo que teníamos los presupuestos más sociales de la historia. No te calles, pero pide perdón a los parados a los que dijisteis que tenían que joderse. Mariano, no te calles, pero pide perdón a los que se creyeron que estábamos al final de la crisis económica. Mariano, habla, no te calles… Pero pide perdón.