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Análisis

¿El final del bipartidismo?

Àngels Pont

El primer Barómetro Político de España del año pone de manifiesto que la situación política española, lejos de mejorar, se encamina hacia un escenario político cada vez más complejo. La aparición de nuevas fuerzas políticas y la progresiva fragmentación del mapa electoral es un claro reflejo de la incapacidad de los dos grandes partidos políticos del país de ofrecer a la ciudadanía un proyecto transversal que genere credibilidad y confianza cara al futuro. En este sentido, de los datos que se presentan en este Barómetro queremos destacar lo siguiente:

1. Un alto grado de indefinición entre el electorado. De hecho, el más alto desde el año 2000, cuando se inició la serie de barómetros de EL PERIÓDICO.

2. Este grado de indefinición coincide con el retroceso de las dos opciones mayoritarias. Continúa debilitándose el bipartidismo: la suma de la intención directa de voto del PP y el PSOE apenas supera el 30%, cuando solía situarse 30 puntos por encima antes de las elecciones generales del 2011.

3. El PP mantiene uno de los valores en intención directa de voto más bajos de toda la serie. De hecho, ha perdido más de la mitad del apoyo del que disponía después de ganar las últimas elecciones generales.

4. El PSOE vuelve a retroceder en intención directa de voto y obtiene su peor registro desde el año 2000. A la situación de desconexión entre los socialistas y la opinión pública posiblemente se añade ahora la incertidumbre sobre el liderazgo del partido, que no se acabará de resolver hasta las primarias previstas para finales de año.

5. Tanto el PP como el PSOE presentan una fidelidad de voto que no llega al 50%. Sin embargo, la situación del PSOE es bastante más crítica, teniendo en cuenta los malos resultados que este partido obtuvo en el 2011 y la incapacidad que muestra para aprovechar el desgaste que está sufriendo el partido que gobierna. En este sentido, con datos relativamente similares, la lectura es más pesimista para el PSOE que para el PP: el primero parece estar cronificando una situación que viene de lejos, mientras que el desgaste del segundo parece más vinculado al malestar por la situación actual del país.

6. De hecho, la opinión de la ciudadanía sobre la economía española empieza a invertirse, aunque de forma muy incipiente, lo que puede beneficiar al partido del Gobierno. Una parte de la ciudadanía percibe que, a pesar de la mala situación del país, el peor momento de la crisis ya ha pasado y que, por tanto, el futuro debe ser mejor. En cambio, su agenda política en materia de derechos y libertades puede acabar pasándole factura si se aleja en exceso de lo que es el sentir mayoritario. El caso más evidente es la reforma de la ley del aborto, propuesta rechazada por la gran mayoría de la ciudadanía y de su propio electorado.

7. El progresivo retroceso de los dos grandes partidos viene acompañado de un fuerte crecimiento de las fuerzas políticas hasta ahora minoritarias, que entran a competir de igual a igual con el PP y el PSOE en el caso de las generaciones más jóvenes. De hecho, entre los menores de 45 años la intención directa de voto de PP, PSOE, IU y UPD es similar.

Así pues, seguimos en un momento político muy dinámico, caracterizado por una alta volatilidad en el voto y un amplio desconcierto entre el electorado, factores que, en consecuencia, apuntan unos escenarios electorales muy abiertos. Las próximas elecciones al Parlamento Europeo, que de momento están poco presentes en la opinión pública y ofrecen una estimación de voto muy coincidente con la de los comicios generales, serán la primera prueba para la validación de estas tendencias y de su intensidad.

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