Mezcla o atavismo

La identidad de quien vive en un país distinto al de su origen siempre es heterogénea y compleja

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El 21 y 22 de enero de este año, el Telenotícies vespre de TV-3 recogía una noticia que me alarmó. Decía que centenares de alumnos catalanes de padres musulmanes viajaban al país de origen de sus familias para aprender -memorizar- el Corán. Las razones que esgrimían algunos de los padres entrevistados tenían que ver con la voluntad de conocer y mantener su propia religión y tradiciones.

Esta noticia me sorprende en un momento en el que estoy leyendo a Hanif Kureishi, escritor inglés de origen paquistaní. En su libro Soñar y contar dice  que para los inmigrantes y sus familias, el desorden y la alienidad son la condición de su existencia. Quieren una nueva vida y los bienes materiales que la acompañan. Pero como les han arrancado de un mundo y sumergido en otro, lo que también necesitan, para que todo se sostenga, es tradición, ideas comunes, éxtasis.

Otro autor, Salman Rushdie, inglés de origen indio, decía que todo emigrante no se libra de un problema central: el de la autenticidad. La identidad del emigrado, dice, inevitablemente se convierte en algo heterogéneo. El problema es no aceptar esta heterogeneidad y buscar la autenticidad en una tradición atávica. Desde la ciencia psicológica diríamos que no se ha resuelto bien el duelo migratorio.

El duelo es el proceso de reorganización de la personalidad ante los cambios experimentados. El psiquiatra Joseba Atxotegui decía que el duelo puede comportar regresión psicológica -en forma de ideas mágicas y  miedos muy primarios-, provocar ambivalencia -que puede hacer que se idealice uno de los países y se desprecie al otro-; ser transgeneracional -pasar de generación en generación- y afectar a la identidad.

La resolución más deseable de este duelo es aceptar el cambio y la heterogeniedad identitaria de la que hablaba Rushdie. Pero no siempre es así. La paradoja, entonces, es total: se parte para cambiar pero al mismo tiempo se rechaza dicho cambio.

Enviar a los hijos a estudiar el Corán al país de origen es producto de esta lucha por la autenticidad. Es renunciar a la complejidad. Los padres, buscando su autenticidad, pueden contribuir a que sus hijos no prosperen y regresen además con una ideología rígida, fanática y excluyente -el reportaje del día 22 mostraba a las chicas estudiando el Corán con nikabs, lo que da una idea exacta del islam que se les enseña.

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Regresando de nuevo a Hanif kureishi, la solución más interesante y creativa a este duelo la describe bien cuando dice que para él y otros muchos chicos de su generación nacidos en Inglaterra, este fue siempre el país al que pertenecían, aunque les dijeran -a menudo en términos de maltrato racial- que no era así. Lejos de ser un conflicto de culturas, decía, nuestras vidas parecían sintetizar elementos dispares: el pub, la mezquita, dos o tres idiomas, rock and roll, películas indias. Nuestra amplia familia y nuestra individualidad británica se entremezclaban.

En la mezcla está la solución, no en el atavismo. Psicólogo y escritor.