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Los jueves, economía

Economía esquizoide

Antón Costas

Hay señales de crecimiento y de mejora del empleo, pero también de que se avecina la deflación

La economía española está entrando en una situación que podríamos llamar esquizoide, en el sentido de una realidad económica disociada entre dos tendencias simultáneas y contradictorias. Por un lado, señales de que la economía y el empleo mejoran. Por otro, indicios de que podemos estar entrando en una deflación de precios. Una de estas dos tendencias acabará imponiéndose, y de ello dependerá el futuro del crecimiento y del empleo.

Analicemos con un poco más de detalle esta realidad esquizoide.

Las señales de mejora se van acumulando gota a gota. La economía se ha comportado en el último trimestre mejor de lo esperado, consolidando la salida de la recesión y las perspectivas de mejora. Los factores que están detrás son la demanda interna, y especialmente la inversión. Además, todos los analistas aumentan sus previsiones de crecimiento para el 2014.

El motor exterior de la economía sigue funcionando bien. Hemos pasado de un déficit corriente de un 10% del PIB en el 2008 a un superávit en el 2013. Una mejora de 11 puntos en cinco  años. Les aseguro que ningún país ha sido capaz de lograrlo, ni Alemania, que pasó de un saldo negativo de un 1,7% en el 2000 a un superávit del 5% en el 2005; es decir, solo siete puntos en el mismo tiempo.

Además, el saldo comercial exterior del 2013 (es decir, la diferencia entre lo que vendemos y lo que compramos) ha sido positivo por primera vez desde 1999. Esta es una excelente señal, porque fue en 1999 cuando, coincidiendo con la entrada en el euro, la economía española desvió su rumbo hacia actividades como las inversiones inmobiliarias y la obra pública, muy efectistas a corto plazo pero de baja productividad a largo. Hemos vuelto al buen rumbo.

Por su parte, el empleo da señales esperanzadoras. Los datos del último trimestre, una vez limpiados de los efectos de la estación del año, indican que se creció un 0,3% comparado con el mismo trimestre del año anterior. Es muy poco aún, es cierto, pero es el primer aumento que se produce desde el inicio de la crisis en el 2008.

Para no cansarles con más datos, hasta aquí las señales alentadoras. Mi conclusión es que la sociedad española tiene motivos para la autoestima y para rechazar muchos mitos falsos sobre la falta de competitividad, productividad y laboriosidad.

¿Qué es lo que puede frustrar esta tendencia esperanzadora? La existencia de algunos signos de que la economía española y la europea pueden estar entrando en deflación.

Los precios en el 2013 aumentaron solo un 0,2%. Y algo similar ocurrió en la zona euro. La estabilidad de precios está alrededor del 2%. Por lo tanto, estamos jugando con la deflación. Así lo reconocía Mario Draghi cuando hace dos semanas señalaba: «Tenemos que tener cuidado de no caer permanentemente por debajo de una tasa del 1% y, por tanto, en la zona de peligro» (de deflación). Y lo mismo ha manifestado Christine Lagarde, la directora gerente del FMI, esta semana.

Algunos pueden pensar: ¿pero y qué?, ¿acaso no es bueno que bajen los precios? No necesariamente. Si todos pensamos que el próximo año los precios serán más bajos, todos dejaremos de comprar este año a la espera de que los precios de los coches, las casas o los muebles sean más baratos. Pero al comportarnos de esta forma el consumo y la inversión se desploman, las empresas dejan de producir, el paro aumenta, los ingresos de las familias caen y todo empeora. Un círculo vicioso. Por eso tememos la deflación.

Los economistas no tememos la inflación porque sabemos cómo hacerle frente, pero no sabemos cómo salir de una deflación. Una inflación es como una hipertermia, una brusca subida de temperatura. En ese caso, siempre podemos meter al niño en la bañera llena de agua fría y hielo. Pero en el caso de una bajada peligrosa de la temperatura no es aconsejable meter al niño en el microondas para solucionar la hipotermia. Por eso tememos la deflación.

¿De dónde vienen estas tendencias deflacionistas? De la política económica de los gobiernos, tanto de la política presupuestaria como de la política monetaria y financiera y la política salarial. Esas tres políticas están contribuyendo a la anorexia del consumo y de la inversión. Es decir, a la caída de la demanda interna. Por eso los precios tienden a bajar. Es decir, a entrar en una deflación. Y eso es lo que parece estar comenzando a pasar en la economía europea y española.

Quiero creer que el miedo a la deflación acabará convenciendo a nuestras autoridades de que es necesario cambiar la política económica para ayudar a que las señales esperanzadoras que vienen de la economía y del empleo se consoliden. Para evitar esta economía esquizoide.

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