04 abr 2020

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Pons a la OBC y Ono al Liceu (es solo una idea)

Rosa Massagué

 Josep Pons, un director con mucha experiencia en el repertorio sinfónico y escasísima en el operístico, es el director musical del Liceu. Ahora se anuncia que Kazushi Ono (Tokio, 1960), un director en cuyo currículo pesa enormemente su trabajo al frente de tres teatros de ópera, dirigirá la OBC a partir del 2015.

A punto de acabar la etapa en que la orquesta ha estado en manos de una batuta emergente como la de Pablo González --con un resultado seguramente más positivo para el director que para el conjunto orquestal--, el salto cualitativo que supone el fichaje del japonés es una de las pocas alegrías que los melómanos pueden llevarse a la boca en estos tiempos tan yermos.

Un joven Ono fue director musical del teatro de ópera de Karlsruhe (1996-2002), de donde pasó a Bruselas para ponerse al frente de la orquesta del teatro de La Monnaie (2002-2008).

En la capital belga fue un digno sucesor de Sylvain Cambreling y Antonio Pappano, y no se apartó de la profunda huella que había dejado Gerard Mortier en aquella institución que bajo su mandato había pasado de ser un teatro de ópera provinciano a uno situado en la vanguardia. 

De Bruselas pasó a dirigir la Opéra de Lyon donde este año concluye su contrato. En estos teatros el maestro Ono ha privilegiado dos líneas de trabajo, la del estreno de obras de compositores vivos y la ópera rusa del siglo XX.

Estrenó, por ejemplo, la ópera de cámara de Salvatore Sciarrino, ‘Luci mie traditrici’, y obras de Philippe Boesmans como ‘Wintermärchen’ (que también dirigió en el Liceu) y ‘Julie’.

En la programación de Lyon nunca faltaba alguna ópera rusa, ya fuera ‘El jugador’ de Prokofiev; ‘Le rossignol’, de Stravinsky, o ‘Lady Macbeth de Msensk’ y ‘La nariz’, de Shostakovich.

Al anunciar hoy el nombramiento el gerente de la orquesta, François Bou, ha enumerado las características por las que el maestro Ono ha sido elegido: reconocida experiencia, madurez, amplio repertorio, prestigio internacional y añadió una clave que va más allá de los requisitos profesionales y es “su comprensión de la singularidad de un país como Cataluña".

El maestro, que solo ha dirigido en Barcelona en dos ocasiones --la citada ópera de Boesmans y un concierto de la OBC--, dijo haber quedado muy impresionado cuando siendo muy joven vio en televisión a Pau Casals interpretar el ‘Cant dels Ocells’ en la sede de la ONU. O sea que además de dirigir, el japonés viene al Auditori a “fer país”.

Con los currículos de Ono y de Pons, a más de uno le habrá asaltado la idea de proponer un intercambio, el japonés al Liceu y el catalán a la OBC. En el mejor estilo ‘botiguer’, nadie perdería y todos ganarían, orquestas y público. Es solo una idea, aunque un poco aviesa.