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Análisis

Armas químicas: ¿el largo adiós?

Pere Vilanova

Esto de las armas químicas, desde luego, es como las guerras en general: cuesta mucho más terminarlas que empezarlas. El periplo de las armas químicas de Siria contiene varias lecciones, y da mucho que pensar. Es bien sabido que el desvío de los focos de la atención mundial a los varios cientos de víctimas de armas químicas de hace unos meses, paradójicamente, parece haber salvado el régimen de Bashar el Asad, puesto que todo el puzle diplomático se ha centrado desde entonces -bajo la batuta de la hábil diplomacia rusa- en el complicado ballet diplomático sobre este tema. No habrá intervención internacional, ni siquiera presiones sobre el régimen der Damasco. Políticamente, ha ganado. Y esos cientos de víctimas civiles, al final, han pesado mucho más que las demás 130.000 víctimas de esta terrible guerra civil. Ya se publicó en su día: si eres sirio, si has de morir en esta guerra, y quieres ser noticia, más vale que te mate el gas sarín que una boma de fragmentación. Cruel ironía y gran lección de realpolitik.

Pero ahora empieza la segunda parte. Con un retraso de una semana, por fin salen los primeros materiales químicos, bajo una imponente escolta internacional (China, Rusia, Noruega, Dinamarca) hacia alta mar, donde un buque de Estados Unidos procederá a neutralizar esas armas químicas (en aguas internacionales). Los componentes más sensibles serán tratados en el buque Cape Ray, pero los materiales restantes han sido ofrecidos para su tratamiento a empresas privadas, aunque no sabemos cuáles y bajo qué condiciones. Algún periódico dice que son unas 30. Si han de pujar, si han de competir a bajo precio, ¿seguro que todo esto no debería ser tratado más en serio, y por la propia agencia especializada de las Naciones Unidas (OPAQ)?

Según parece, después hay que hacer algo con los restos, en teoría neutralizados, pero que nadie quiere. La «comunidad internacional» pidió a la Unión Europea -especialista en pagar desastres ajenos y callar-, que pidiera a alguién (un Estado miembro) que acogiera dichos residuos. Incluso Albania dijo que ni pensarlo. Algunas noticias sin confirmacion oficial apuntan ahora a que cierta o ciertas empresas  de por aquí y  cierto puerto de la costa catalana se ofrecerían a colaborar en esta fase final. Es decir, acabar de terminar lo que nunca debió empezar: la cadena de armas químicas hasta su destrucción final.

Aunque esto sea oficioso, puede tener derivadas por arriba y por abajo. Por arriba, porque a comienzos de la semana que viene Obama recibe -por fin- a Rajoy. ¿Y si le pide oficiosamente un favor al respecto? No va a estar el buque norteamericano navegando como El holandés errante de la leyenda hasta el final de los tiempos porque nadie quiere su carga... Y por «abajo», descargue donde descargue dicha carga, por definición será en el territorio de un ayuntamiento, que es donde para bien y para mal acaba sucediendo todo en esta vida.

Damasco, Moscú, Nueva York y... un municipio catalán. Hemos entrado en la historia.

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