01 dic 2020

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Hacer sentir culpables a las mujeres

Carles Campuzano

Lo que hará que me oponga al proyecto de ley de aborto que promueve el ministro Gallardón es, sobre todo, la crueldad que supone una ley que vuelve a hacer sentirse culpables a las mujeres que por las razones que sean creen que deben interrumpir su embarazo. Y luego añado otras razones. Que son muchas, la verdad.

Ninguna de las mujeres que conozco que han tenido que abortar han vivido de manera sencilla el proceso de decidir qué hacer frente a un determinado embarazo en un momento dado de sus vidas. El dilema moral no ha sido fácil y la decisión finalmente ha sopesado pros y contras. No tengo la impresión de que la frivolidad haya sido la principal actitud que han tenido estas mujeres antes de decidir. Después se ha tomado una decisión y se ha tratado de resolver de la mejor manera posible, tanto antes de 1985 como después. Antes de 1985, la opción era irse fuera, y luego, con la ley de los tres supuestos, aprovechar la aplicación flexible de la ley. Un sentimiento pesado acompaña a la decisión, que vuelve cuando se recuerda el hecho.

No es fácil para ninguna mujer tomar esta decisión, tan íntima y personal. Considerar el hecho de abortar un delito, reducir el supuesto de la despenalización al riesgo de la vida de la madre y la violación, volver a dejar la valoración de los hechos a los médicos, con un procedimiento enrevesado y largo, convierte la decisión de la mujer en un calvario que agrava más el sentimiento de culpa y no evitará que ninguna mujer deje de abortar. Seguramente todo ello será aún más difícil para las mujeres de familias humildes.

Las leyes en una sociedad democrática y abierta no pueden pretender imponer los legítimos valores morales de un sector social en detrimento del respeto a la pluralidad de opciones morales existentes ante un hecho como un embarazo no deseado o imposible. La ley aprobada en el 2010, a la que di apoyo en ejercicio de la libertad de voto que los diputados de CDC tuvimos en aquella discusión, garantiza un marco que respetaba las opciones personales de todos y que no obliga a nadie a comportamientos contrarios a su conciencia. Un marco que se mueve en la dirección de las legislaciones de los Estados de nuestro entorno y que confía en la capacidad de discernimiento de las mujeres .

Por eso me opondré a la ley de Gallardón.

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