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Los jueves, economía

Carta a los Reyes Magos

Antón Costas

Barcelona, Madrid, Bruselas y Fráncfort han de recuperar cuanto antes el sentido común económico

Uno ya es un poco mayor para escribir cartas a los Reyes Magos. Pero como la ilusión no sabe de edades, he aprovechado la tradición de las uvas de Fin de Año para expresar mi deseo para la economía del 2014: que nuestros gobiernos recobren el sentido común económico. Déjenme que me explique.

Háganse esta pregunta: ¿cuál debería ser la tarea prioritaria de nuestros gobiernos -el autonómico, el estatal, el de Bruselas y el de Fráncfort (BCE)- en el 2014? En mi opinión, evitar la existencia de un elevado número de personas permanentemente desempleadas.

El paro de larga duración es la más seria consecuencia de la crisis. Mucho más que la pérdida de riqueza y el aumento de la deuda pública. Esto se acabará remediando, pero el paro estructural puede transformarse en un cáncer social que no se reduzca ni cuando la economía se recupere.

Ya nos ocurrió tras las recesiones de los 80 y 90. Dejaron tras de sí un paro de larga duración que no disminuyó ni en los años de mayor crecimiento, durante el boom inmobiliario.

Los estudios sobre el mercado de trabajo demuestran que cuanto más tiempo está sin trabajar una persona, menos posibilidad tiene de encontrar un nuevo empleo. El motivo es que los empleadores tienden a no contratar a personas con paro de larga duración.

Las consecuencias del desempleo estructural van más allá. Afecta a la condición de ciudadanía de las personas: produce pérdida de autoestima, patologías específicas y exclusión social. Además, aumenta la desigualdad, al hacer crecer la brecha entre los más ricos y los más pobres, como ya estamos viendo. Y acaba sacrificando generaciones completas.

Más del 50% de los jóvenes entre 19 y 34 años que no están emancipados y siguen viviendo con sus padres no han tenido ningún ingreso laboral en los últimos cinco años. Estamos sacrificando una generación que difícilmente podrá tener una trayectoria profesional estable aun cuando se recupere la economía. Y no solo en España, también en toda la UE el paro de los jóvenes dobla al de los mayores, aunque no es tan elevado como el nuestro. No nos debería sorprender el desapego de los jóvenes con la idea europea.

Gran parte de las personas en paro no lo están por no estar preparadas, sino porque la recesión ha sido muy larga. Y cuanto más larga es, más elevado y permanente es el paro.

La segunda recesión del 2011 se ha prolongado tres años. No era inevitable, como muestra el caso de EEUU. Ha sido una crisis autoinflingida. El argumento de nuestros gobiernos fue que una dosis de austeridad extrema -recortes inclementes de gasto público- reduciría el déficit y la deuda, recobraría la confianza en la economía y volvería el crecimiento. Olvidaron que cuando una economía está en recesión, anémica, la austeridad provoca una caída de ingresos públicos mayor que la reducción de gastos. Por lo tanto, el déficit no se reduce, se incrementa la deuda, la economía se estanca y el paro aumenta. Eso es lo que dice el sentido común económico, pero nuestros gobiernos no lo utilizaron.

¿Qué deberían hacer ahora para evitar que el elevado paro estructural se cronifique? No vale lamentar la situación, pero seguir practicando la misma política. Son lágrimas de cocodrilo. Han de recobrar el sentido común económico. Desde el punto de vista de la política económica significa tres cosas.

Primero. No volver a confundir lo importante con lo urgente, como en el 2010. Lo urgente a corto plazo es dar de comer al enfermo. Para ello hay que moderar el ritmo de la austeridad pública y hacer llegar el crédito a familias y empresas. Eso permitirá mantener el ritmo vital de la economía en niveles que eviten la destrucción de más empleo y permitan la creación de nuevo, como ya está ocurriendo.

Segundo. Aprobar ahora reformas y comprometerse a aplicar algunas en el medio plazo. Reformas como las de las pensiones, en una situación donde el consumo de las familias está anémico y atemorizado, empeoran la situación. Lo importante en política económica no es tanto saber lo que hay que hacer, como saber cómo hacerlo. Otras reformas, sin embargo, deben aplicarse de inmediato, como las de los precios de la electricidad y otros mercados de bienes y servicios.

Tercero. No solo con reformas mejorará la economía, necesita también nuevas políticas. Especialmente, política industrial estratégica que ayude a fortalecer la productividad y la dimensión de las empresas. Solo fortaleciendo y ampliando nuestra base industrial podremos crear empleo estable y de larga duración.

Esas tres cosas se resumen en una: recobrar el sentido común económico. De ahí mi carta a los Reyes Magos para el 2014. Catedrático de Política Económica (UB).

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