30 mar 2020

Ir a contenido

Trias, Barcelona y la contaminación

Laia Bonet

Hace muy pocos días nos visitó Joel Schwartz, profesor de Epidemiología Ambiental en Harvard. Sus investigaciones sobre la polución, provocaron un cambio (un endurecimiento) en la regulación de las normas de calidad del aire en los EEUU; y consiguió, también, que se prohibiera la gasolina con plomo. Sus estudios son concluyentes: la polución mata 200.000 personas al año en su país y en Europa (más que la suma de las muertes causadas por el cáncer de mama y de próstata).

Invitado por el Centre de Recerca en Epidemiologia Ambiental, Schwartz afirmó sin rodeos: “Tenemos la tecnología para reducir la contaminación. Lo único que falta es la voluntad política” y alertó del retroceso europeo en una regulación más exigente de las normas del aire. Su visita ha coincidido con un episodio pico de contaminación en Barcelona. Pero como él mismo nos ha recordado, el problema no son los episodios agudos que ocurren de vez en cuando, sino los niveles medios durante el año y el absoluto conocimiento que tenemos que estas exposiciones continuadas son muy nocivas para la salud.

Mientras, el gobierno municipal de Xavier Trias (y el Govern de la Generalitat) rechazan limitar el tráfico en casos de polución. Prefieren que no salgan los niños a la calle, pero sí los coches. En este último pico hemos superado el límite de la UE y la OMS de los 200 microgramos por metro cúbico de NO2 (el principal contaminante de los coches) hasta llegar a los 257mcg. Hay que hacer un serio replanteamiento de las actuaciones de excepcionalidad y, sobre todo, las encaminadas a reducir –drásticamente-- los niveles medios de contaminación. Esto afecta al plan de movilidad, al del transporte público, los parques de vehículos (y la apuesta por el coche eléctrico) o las normas de tráfico, entre otras acciones coordinadas.

"Xavier Trias se muestra incapaz de tener un plan serio y realista para llevar a Barcelona por la senda de Boston o Estocolmo que registran un tercio de los niveles de contaminación de Barcelona" 

Trias no quiere problemas visibles (restricciones de tráfico), y así, crea --o se resigna-- a los invisibles: los de un aire contaminado que mata y daña. Su responsabilidad política es inequívoca, y no quiere que hablemos del tema. Con su inacción (ha llegado a plantear a la UE un aplazamiento hasta el 2015 para cumplir las normas europeas sobre el nivel del NO2) busca ganar tiempo, mientras se muestra incapaz de tener un plan serio y realista para llevar a Barcelona por la senda de Boston o Estocolmo que registran un tercio de los niveles de contaminación de Barcelona. Estos deben ser nuestros modelos. Esto va a ser una prioridad absoluta.

Barcelona debe liderar la Red de ciudades que caminanuna iniciativa que impulsa las buenas prácticas y las soluciones que combinan movilidad con calidad ambiental y entornos saludables. Está adherida, pero no es suficiente. No se trata de estar en una lista, sino de asumir los principios de la Carta Internacional del Caminar (Por la creación de comunidades sanas, eficientes y sostenibles donde la gente elija el caminar). Menos pose y más determinación y responsabilidad es lo que nos hace falta.

Schwartz dejó esta reflexión final: “Voten por políticos que se comprometan a reducir la contaminación en serio. Exijan”. La comparto.