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A propósito de España

Francisco de Sert, conde de Sert

La "españa rota" deja de ser un eufemismo y puede ser una realidad. El previsible choque de trenes de dos gobiernos nacionalistas podría evitarse con el guardabarreras federal. Enrocado el español en un inmovilismo jurídico por inconstitucional y jurisprudencia internacional, no atiende al grave error político de imprevisibles consecuencias. Y obnuvilado el catalán por un mesianismo de muy difícil salida, arrollado por la calle, cautivo del nacionalismo radical, es al tiempo víctima del grave error político.

La independencia de Catalunya es letal para el resto de España, al perder la comunidad más rica y avanzada, además del consecuente efecto dominó en el resto de las comunidades históricas: un carajal, la destrucción del país! Tampoco Catalunya sale mejor librada. De ser la comunidad emblemática de España, integrada en Europa con futuro asegurado, a ser un insignificante país económicamente inviable, rechazado en Europa al igual que Kosovo, y por el mismo efecto dominó que podría extenderse a Francia (Córcega, País vasco francés y Catalunya Nord) a Bélgica por Flandes y a Italia por La Padania. Y cuestionado su ingreso en Naciones Unidas, por no decir imposible, ya que existen cinco países que tienen derecho a veto, entre los que se encuentran Rusia y China, con graves problemas en Chechenia y Tibet respectivamente, por lo que seguramente vetarían la entrada de Catalunya, quedando aislada del mundo como Palestina. El sueño del nacionalismo catalán convertido en pesadilla.

El tan cacareado y democrático derecho a decidir no tiene figura jurídica y parece un encubrimiento para incautos del derecho de autodeterminación. La independencia unilateral de Catalunya no puede acogerse a este derecho internacional, al no cumplir sus condiciones: dominación colonial, ocupación militar o agresión grave contra una minoría nacional. No puede ser unilateral sino de mutuo acuerdo. En democracia prima el derecho de integridad territorial sobre el derecho de secesión. Tampoco unas elecciones plebiscitarias son consideradas democráticas, según aseveraba hace poco un expresidente del Tribunal Constitucional.

Históricamente una Catalunya independiente tiene poco recorrido. El nacionalismo romántico nos legó unas leyendas alejadas de la realidad. El origen místico de la senyera, cuando era emblema de la Corona de Aragón, o el mito español de Don Pelayo en Covadonga, cuando en realidad fue una escaramuza sin trascendencia. O el de los Reyes Católicos formado por un príncipe de orígen bastardo y una usurpadora, aunque este matrimonio diera lugar a lo que hoy sería una confederación entre el reino de Castilla y la Corona de Aragón, llamada España, que dominó el orbe durante más de cien años. Una manipulación flagrante es la de la Guerra de Sucesión (1701-15) desencadenada cuando muere el último de los Austrias sin descendencia y lega la Corona de las Españas a su sobrino Felipe d'Anjou, nieto de Luis XIV, en perjuicio de su otro sobrino el archiduque Carlos de Austria, lo que provoca una guerra entre Austrias y Borbones. En realidad fue una contienda por el dominio de Europa, no una lucha por la afirmación nacional, pues el concepto de nación no apareció hasta la Revolución francesa, casi un siglo después. Las instituciones catalanas, a pesar de haber jurado fidelidad a Felipe V como rey, tras su estancia de seis meses en Barcelona donde se casa, y estar dividida la sociedad entre austracistas y borbónicos, se pasan con armas y bagajes al Archiduque, cuando éste desembarca en Barcelona con ayuda de los ingleses, estableciendo su corte, que abandonará por Viena al ser elegido emperador a la muerte de su hermano sin descendencia. La contienda acaba con el Tratado de Utrecht (1714) en donde Europa reconoce a Felipe V como rey de España, pero cediendo a la casa de Austria las posesiones en Italia de la Corona de Aragón y el Flandes de Castilla, y a Inglaterra: Menorca, Gibraltar y la concesión de comerciar con la América hispana. Se pierden así tres ciudades emblemáticas: Bruselas, Milán y Nápoles. Pero Barcelona no se rinde, se imponen los radicales a las órdenes del Conseller en cap Rafael de Casanova y sigue luchando por el Archiduque que ha renunciado a sus derechos. La ciudad se inmola el 11 de septiembre de 1714, a pesar de las varias peticiones de rendición. Aunque hubo más víctimas entre los sitiadores, muy superiores en número, que entre los sitiados.

El nacionalismo romántico del XIX eleva a Rafael de Casanova como héroe nacional, erigiéndole un monumento en 1888 --siendo regente María Cristina viuda de Alfonso XII-- al que acude con flores cada 11 de septiembre todo político catalán que se precie, a pesar de que el héroe de 1714 reconoció a Felipe V como rey, fue amnistiado, se le devolvieron todos sus bienes, siguió ejerciendo de juriconsulto y murió de muerte natural a los 83 años.

El Decreto de Nueva Planta de Felipe V (1716) significó la supresión de las constituciones y fueros tradicionales de la Corona de Aragón, al crearse el nuevo reino de España a ejemplo del centralismo francés. Era el fín de lo que hoy denominaríamos la "España Plural", instaurada por los Reyes Católicos. Pero la política de Luis XIV, pese a su absolutismo, significó en aquel tiempo el progreso, pues puso fín a los privilegios feudales y propició el acceso de la burguesía como clase dirigente, que haría posible tiempo después la Ilustración, caldo de cultivo de la Revolución Francesa. A este respecto, los historiadores Vicens Vives y Ferran Soldevila consideran que el Decreto de Nueva Planta contribuyó al resurgimiento económico de Catalunya. El ilustrado Carlos III, hijo de Felipe V, abolió la prohibición de los catalanes de comerciar con la América hispana, hecho que propició la industrialización de Catalunya y posteriormente la Renaixença. No hay que olvidar que la burguesia catalana financió mayormente la Restauración de Alfonso XII, y las políticas proteccionistas de la Restauración facilitaron los medios para que la industria manufacturera catalana se hiciera con el mercado español, situación que perduró hasta hace pocos años.Catalunya bajo los Borbones recupera el esplendor artístico y cultural, debido al auge económico perdido en siglos. Barcelona con la Exposición Universal de 1888 al igual que un siglo después con los JJ.OO. del 92 bajo la segunda Restauración Borbónica, encuentra su lugar en el mundo. Son hechos que el nacionalismo catalán debe reconocer.

En periodos de profundas crisis económicas acompañadas de vulneración de valores fundamentales, resurgen los nacionalismos, a fín de defender lo propio --la tribu-- y culpar al "otro" de los aconteceres. Tal fue el caso de la Europa de entreguerras, luego de la crisis del 29, con la aparición de los fascismos que condujeron en España a la guerra civil (en la que los vencedores se autodenominaron nacionales) y en Europa a la segunda guerra mundial.Actualmente, parece que la historia tiende a repetirse, y proliferan en toda Europa movimientos xenófobos, de extrema derecha, parafascistas,con número de votos considerables, aunque en España son grupúsculos sin importancia, debido a que esta ideología (sin cuantificar su número e influencia) es parte de la derecha en el poder.

En Catalunya, el nacionalismo cansado de colaborar en la gobernabilidad de España, luego del recorte del Estatuto por el Tribunal Constitucional, que había sido aprobado en referéndum por el pueblo de Catalunya y las Cortes Españolas, y el portazo del nacionalismo español en el poder a una justa revisión fiscal, aprovecha la debilidad del Estado ante la crisis económica y la corrupción para lanzar un órdago a la Constitución que pretende romper España. Y en esa estamos.

El poder moderador de la Corona es ahora esencial. La Monarquía Federal, sustentada por un pasado histórico de más de doscientos años (1479-1716) podría ser el sistema racional de vertebrar a España, salvándola de todos los demonios que la asedian en los últimos tiempos.