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Hernán Cortés, 'graffitero'

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El correo electrónico y Twitter permiten comunicarnos de otro modo. Además, generan la ilusión de que nos estamos comunicando. Al cabo de un tiempo sucede lo que en la mayoría de los matrimonios: uno habla sin que el otro escuche o los dos hablan de cosas diferentes.

Los políticos han aprovechado la herramienta para establecer o simular cercanía con los ciudadanos virtuales. Como no todos tienen tiempo de persuadir en 140 caracteres, algunos contratan a escritores para crear una proximidad fantasma. Esto permite que el jefe de Estado que asiste a los funerales de Nelson Mandela atienda quejas de su país de origen. Los desastres no se resuelven, pero el gobernante muestra preocupación instantánea.

La táctica de responder en vez de solucionar tiene una larga trayectoria. En 1521, Hernán Cortés combinó dos estrategias de comunicación que serían muy usadas en el futuro: el graffiti y el diálogo exprés con la población. En su Historia verdadera de la conquista de la Nueva EspañaBernal Díaz del Castillo habla de los numerosos españoles que se sintieron excluidos del reparto del botín. Luego de arriesgar sus vidas, no tenían otra recompensa que sus manos vacías.

Ajeno al descontento, Cortés se instaló en Coyoacán en una casona de paredes blancas que los conquistadores inconformes vieron como estupendas páginas en blanco. «Buenamente se podía escribir en ellas con carbones y otras tintas», refiere Bernal. Cada mañana, la casa de Cortés amanecía tapizada de reclamos. Cortés no se limitó a encalar de nuevo las paredes, sino que versificó respuestas. Como sucede en Twitter, no arregló nada pero simuló estar cerca de los indignados.

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Las réplicas arreciaron hasta que el conquistador escribió un último mensaje, dictado por el hartazgo: «Pared blanca, papel de necios». A partir de entonces, la escritura pública recuperó su sentido jerárquico y el graffiti se convirtió en arte clandestino.

Cortés anticipó el uso pacificador que los gobernantes darían a las respuestas y la importancia que concederían a las quejas.