12 ago 2020

Ir a contenido

Pequeño observatorio

¿Qué piensa y qué siente un perro?

Josep Maria Espinàs

Es un curioso reportaje el que ha construido Michele Catanzaro para este diario. Una información sobre la expresividad de los perros. Parece que los científicos están interpretando el lenguaje corporal de los perros. Ahora se ha descubierto que si mueve la cola hacia la derecha significa indiferencia o atracción. Si la mueve hacia la izquierda, en cambio, es señal de tensión.

El cerebro y los movimientos del cuerpo son significativos en el caso de los perros. También se afirma que los perros pueden enviarse mensajes, como ocurre con otros animales. Lo que pasa es que los humanos tenemos una visión muy simplificada de los recursos de un perro.

La investigación ha comenzado, aunque no hace mucho -al menos que yo sepa-, y ya se habla del papel que desempeñan el olfato, los ladridos, los llantos o la actitud corporal. Parece, pues, que ciertos aspectos de la conducta de los perros ya son interpretables, y no hay ninguna duda de que la investigación progresará.

Nunca he tenido perro, pero mi abuelo Espinàs sí tenía uno en su torre de Sant Just Desvern. Era un perro pacífico, bien tratado, pero me pregunto, después de leer el reportaje, si entendimos algunas de sus reacciones. Aunque en algunos momentos parece que los perros tengan una mirada humana.

Mi cuñado Néstor Luján quizá tenía más simpatía por los gatos. Quizá es justo decir que los admiraba. Por el bufet del comedor, su gato se deslizaba entre copas y botellas de cristal con tanta seguridad como delicadeza.

En un viaje a pie por la Terra Alta, a mi editora y a mí se nos enfrentaron lentamente seis perros. ¡Seis! Avanzaban amenazadoramente en un táctico semicírculo. Avanzaban ladrando oscuramente, y nos retiramos poco a poco, sin darles la espalda. Nos expulsaron. Como el lector comprenderá, no me fijé si movían la cola hacia la derecha o hacia la izquierda.