02 abr 2020

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Análisis

Electricistas, carpinteros y maquilladores

Patxi Amezcua

El cine no es solo cuestión de actores famosos. Hay electricistas, guionistas, carpinteros y maquilladores (por nombrar solo algunos oficios) que dependen de esta industria. Las películas, como cualquier otra actividad económica, generan muchos puestos de trabajo. Por eso, me pareció una tremenda irresponsabilidad que el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, atacara y despreciara el cine español. De los políticos nos podemos esperar lo peor, pero ¿se imaginan ustedes a cualquier otro ministro hablando mal de la industria textil o de la del automóvil?

No creo que Montoro vaya al cine. Posiblemente tendrá cosas mejores que hacer. Pero si lo hiciera se daría cuenta de que en España se hacen películas buenas, regulares y malas. Exactamente igual que en EEUU o en Francia. Montoro, además, debería caer en la cuenta de que en los últimos meses hay tres filmes españoles que han encontrado (y mucho) el respaldo del público: Las brujas de ZugarramurdiZipi y Zape  y el club de la canica y Séptimo.

Ahora bien, es importante hablar de algo fundamental de cara al estreno de una película: el aparato promocional. Fox y Tele 5 -en el caso de Séptimo- se han dejado la piel para realizar una campaña potente y plantar cara a otros poderosos títulos de Estados Unidos, como ThorEl juego de Ender o Somos los Miller. El cine español tiene que ser consciente de que la promoción es algo absolutamente básico. Igual de básico como producir títulos que aspiren a tener el mayor público posible.

Soy muy respetuoso con los directores que realizan películas estrictamente de autor porque creo que tiene que haber hueco para todos. Pero deberíamos reivindicar la dignidad de la palabra comercial. Mis películas también tienen un toque personal, pero me gusta que estén dirigidas al mayor número posible de personas. Cuanta más gente vaya a ver lo que hacemos, mejor.

También es hora de reivindicar la pantalla grande. Entrar en un cine, sentarse en una butaca cómoda, tener un sonido envolvente y dejarse llevar por una historia es algo gozoso. No es igual ver Gravity o Lo imposible así que en el ordenador de tu casa, descargada de una web pirata. Para eso, mejor no la veas.

Evidentemente, yo también salgo a veces del cine sin que me haya gustado la película. Pero me puede la vena profesional y en lugar de pensar que he malgastado mi tiempo y mi dinero me dedico a pensar en el filme, en sus errores y en cómo lo habría hecho yo.

Hablemos ahora de dinero. Otro asunto espinoso de nuestro cine. Las entradas son caras, sí. Pero es que la vida es cara. Un gintonic te cuesta 8 o 10 euros y es un poco de ginebra y tónica. Tú pagas lo mismo por una película, que es algo en lo que han trabajado un centenar de personas durante dos años. En todo caso, es verdad que el público tiene la sensación de que el cine es caro. Hagamos ofertas, como las que se están haciendo últimamente. Volvamos a traer a la gente a las salas. Recuperemos el hábito de ver el cine en el cine. Y pidamos al Gobierno que, por sentido común, baje el IVA cultural. Todos ganaremos.