Pequeño observatorio

La peligrosa visión única de las cosas

1
Se lee en minutos

La monja Teresa Forcades, que lleva una vida muy activa moviéndose en el mundo seglar, tiene un punto en contra y uno favor. Ambos como consecuencia de su condición de monja.

Esta condición domina la percepción que podamos tener de ella más que el hecho de que sea una mujer. Históricamente, las mujeres han sido, en general, secundarias ante la autoridad y la potencia pública masculinas. Ha habido algunas excepciones en tiempos antiguos: las mujeres que han tenido una personalidad importante y han sido consideradas santas, y las pocas que han tenido una dimensión política. Evidentemente, la situación ha cambiado desde hace un tiempo. Hoy hay mujeres con importantes responsabilidades en áreas diversas.

El caso de la monja Forcades puede que sorprenda, pero si repasásemos la historia veríamos que ha habido mujeres -también monjas y abadesas- que han tenido un gran papel en la vida política y social. Positivo o negativo. Como el caso de los eclesiásticos de varias condiciones. A mí, las ideas y las actividades de Teresa Forcades me merecían el natural respeto. Y por esta razón, precisamente, puedo no estar siempre de acuerdo con ella. En una entrevista propuso -aunque luego lo matizó-la supresión de los partidos políticos, que dice que no funcionan democráticamente y están al servicio del poder económico que los financia.

Noticias relacionadas

Es imaginable que pueda ser así en muchos casos, y hasta un punto que los ciudadanos no pueden imaginar. Ahora bien, la propuesta de suprimir los partidos creo que, además de antinatural, es peligrosa, porque la supresión de la diversidad de partidos ha provocado inmediatamente la constitución de un partido único. Muchos países -España, Alemania, Italia, en África- han vivido la experiencia de la represión. En cuanto a la propuesta de desobedecer las leyes y las políticas que cada uno de nosotros considere injustas, me parece invitar al caos de la batalla campal.

Hay precedentes.