Al contrataque

Cómo ganar amigos

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La civilización no siempre se basa en la manifestación de la verdad. A menudo hace falta algo de mentira para poder soportarnos los unos a los otros. Así se han hecho las cosas hasta ahora. La falsedad venial servía para mantener la cohesión ciudadana y al mismo tiempo para echar combustible a la maledicencia y a la hipocresía. Pero ya estábamos acostumbrados.

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Últimamente, en cambio, determinados miembros afines al Gobierno se han soltado el pelo y han empezado a practicar el curioso deporte de crearse enemigos innecesarios. Uno de los fines de cualquier partido con ganas de gobernar es el de crecer e integrar a los sectores sociales más diversos. Para ello la fórmula sigue siendo la de hacer creer a los votantes que aún no lo son que el partido del Gobierno está encantado de haberles conocido.

Pero algo sucede en este mundo autocomplaciente del PP que prefiere el insulto al halago. Quizá el comentario más notorio fue el que en julio del año pasado gritó la diputada popular Andrea Fabra tras el anuncio de Rajoy de recortar las prestaciones del paro. «¡Qué se jodan!», dijo la niña Fabra pensando en los cientos de miles de parados. La semana pasada fue la vicepresidenta Sáenz de Santamaría la que convirtió a más de 500.000 parados poco menos que en delincuentes al acusarles de defraudadores por percibir un subsidio y sin embargo trabajar. Ignoro en qué mundo vive la vicepresidenta si cree que los parados van a limitarse a estar en casa esperando que el subsidio se extinga. El Gobierno ha llevado a muchos trabajadores al sálvese quien pueda. Remiendos, chapuzas, trabajos precarios son los que están impidiendo que España esté en una situación insurreccional. En su política de hacer amigos, Soraya está exigiendo a los parados aquello que perdona a los banqueros. El causante de todos nuestros males somos nosotros mismos. Y ahí está Montoro para decir que los sueldos no tan solo no han bajado sino que incluso han subido. Y ahí está Wert para decir que se han de devolver 20.000 becas porque los malos estudiantes no tienen derecho a lo que un día se les dio. Y ahí está Bauzá, afirmando que el fracaso escolar es culpa del catalán. Y ahí está Báñez, con el informe de sus expertos, metiendo miedo a los ancianos porque las pensiones -dinero que hemos ido entregando a cuenta- pueden bajar hasta el 45%. Poco falta para decir que un pensionista es un mal patriota porque se niega a morir. Es incomprensible un Gobierno que abra tantos frentes a la vez y que justifique sus decisiones en base a palabras innecesarias. Por cierto, en el Festival de Cine Fantástico que antes se llamaba de Terror y que se celebra en Sitges, se ha echado en falta la presencia en la alfombra roja de Cristóbal Montoro. A él, que tanto le gusta el cine español, le corresponde el último capítulo de Cómo ganar amigos, de Dale Carnegie versión PP.