Viajeros frente a sostenibilidad

El metro y el bus pierden pasajeros, pero la buena noticia es que el uso del automóvil no deja de disminuir

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El número de viajeros del metro y el bus de Barcelona (Transports Metropolitans de Barcelona) ha vuelto a caer. Entre enero y agosto se han perdido diez millones de viajeros, un 3% del total. Esta pérdida confirma el declinar de viajeros de los últimos años. Previsiblemente, el nivel de pasaje de TMB se situará a finales de este año en el que tenía en el 2003, alrededor de 530 millones de viajeros, un 9% menos que el máximo, que se dio curiosamente ya en plena crisis, en el 2010.

Al resto de operadores, las cosas les han ido como sigue: Renfe Rodalies pierde un 10% de pasaje sobre su máximo del 2007, y Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya un 7%. Al tranvía y a los autobuses de la antigua EMT las cosas les van mejor, puesto que mantienen sus valores.

EN ALGUNOS medios se ha valorado negativamente esta noticia, lo que muestra que aún hoy hay quien hace lecturas con valores del siglo pasado: si crecemos, los resultados son buenos; si no crecemos, son malos. Pero cuando para ganar perspectiva alejamos la mirada del sistema de transporte público para enfocar el problema global de la movilidad, la opinión cambia. Y lo hace de forma muy importante.

El plan de movilidad de Barcelona que el ayuntamiento acaba de presentar muestra un crecimiento constante de los modos de transporte sostenibles: transporte público, a pie y en bici, que han pasado de representar el 69,2% en el 2007 al 77,7% en el último año. El uso del vehículo privado no ha cesado de disminuir, pero con la caída concentrada en el uso del automóvil, mientras que el uso de la moto ha aumentado o permanece estable.

En el ámbito interurbano las caídas de tráfico han sido notorias, y han alcanzado valores muy importantes en las autopistas de peaje, hasta llegar a un descenso acumulado del 30% en pocos años, lo que ha llevado a Abertis a aceptar la rebaja de tarifas que ha propuesto el conseller Santi Vila para recuperar tráfico y recaudación.

Por tanto, el análisis de los datos de movilidad ofrece resultados concluyentes. Mientras TMB pierde viajeros, Barcelona gana en sostenibilidad, porque el tráfico privado cae más que el transporte público. Estamos ante una buena noticia, sobre todo si tenemos en cuenta el efecto de la caída de empleo y la pérdida de población de la ciudad sobre la demanda. Probablemente, cada barcelonés hace hoy los mismos viajes que antes, pero ahora somos menos los que vivimos en la ciudad.

Debe señalarse que mientras que los viajes no motorizados cuestan cero a la comunidad, cada pasajero que sube al transporte público cuesta de promedio 0,7 euros. No es extraño entonces que muchas ciudades europeas, como  Múnich, Viena y Londres, hayan iniciado estrategias de cooperación bicicleta-transporte público, puesto que la bici es capaz de laminar la demanda de transporte colectivo en hora punta, con el consiguiente ahorro al reducirse los refuerzos. Muchas ciudades de Europa han aprobado vigorosas estrategias de crecimiento de la bicicleta, puesto que hoy es la solución óptima para fomentar el medioambiente y el ahorro de dinero y energía.

Ahora bien, si en lugar de reducir costes, como propone el plan de movilidad de la ciudad de aquí al 2018, se quiere incrementar la demanda de transporte público en un 7%, entonces hay que mantener el servicio para absorber la nueva demanda. Pero con una curva descendente de pasaje, ¿cómo incrementar el número de viajeros? Con un cambio de estrategia en el sistema de tarifas que lo haga más atractivo para el usuario.

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Si la mitad de viajeros aún usan la tarjeta T-10 -con un precio en el que cada viaje cuesta lo mismo se hagan 5 o 200 viajes al año- es que los responsables del transporte siguen sin entender nada. Todas las ciudades europeas que he visitado tienen estrategias de tarifa plana, las únicas que logran fidelizar clientes. En todas ellas la mayor parte de viajeros usan abonos de transporte. El récord de viajeros con abono lo tiene Suiza, por eso también es el país europeo donde más se usa el transporte público. Y lo mismo sucede en Alemania o Austria.

El govern ha anunciado un nuevo sistema de cobro de tarifas denominado T-Mobilitat. Será muy parecido a la londinense tarjeta Oister. Cuanto más se use, más barato resultará cada viaje. Esto, más una adecuada política de precios, permitirá que cada pasajero se convierta potencialmente en un fiel usuario del transporte público. Pero para eso hacen falta cambios de mentalidad. La política debe liderar el proceso e imponerse a la tecnocracia imperante en los últimos años, que se ha dedicado a boicotear el cambio hacia un sistema de tarifas del transporte que premie el usuario fiel, lo único que llevará a un incremento de usuarios. Ingeniero industrial.