27 oct 2020

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La rueda

Cosas que ya no te pasan en BCN

Llucia Ramis

Aunque el paro sube, el Gobierno dice que hemos tenido el mejor septiembre desde que empezó la crisis. En parte es gracias a mi hermano el arquitecto, que ha dejado de engrosar la cifra de desempleados. En junio se fue a Schwerin y ahora ejerce de aprendiz en una carpintería próxima al mar Báltico. Mi ex también ha encontrado trabajo; en París, como ayudante en centros de arte. Allí vive además un gran amigo que por fin puede dedicarse al cine sin que le paguen con diez meses de retraso.

Mi antigua compañera de piso forma parte de esos «parados menos» de los que se habla tanto. Ella está en Berlín. Trabaja para una minúscula empresa española, pero como cobra menos del mínimo recibe una ayuda alemana que le cubre el alquiler, la seguridad social y algunos gastos. Berlín es el nuevo Raval: una de mis mejores amigas está a punto de abrir una librería; su novio tuvo que emigrar porque es físico. Otra se ha ido a México, contratada por una editorial.

¿Les van bien las cosas? Bueno, están animados: nada erosiona tanto como que no valoren lo que haces y nada anima más que dedicarte a ello. La política de exportación laboral evidencia que aquí su profesión se considera inútil. Se resignan a que ahora los traten como inmigrantes. Cuando vienen, nos paseamos por Gràcia. El octubre es cálido, la gente ríe en las terrazas. Suspiran: «Nadie diría que nos fuimos por necesidad». Echan de menos el clima, la ciudad. A mí también, pero no tanto como yo a ellos.

Recuerdo las cosas que nos pasaban en Barcelona cuando teníamos 30 años y me digo que, de ese grupo, en Barcelona solo quedo yo. Entonces la precariedad nos parecía casi estimulante, tenemos una nostalgia prematura. Han contribuido al descenso del paro. También a todo eso que, hace solo un lustro, pasaba por aquí.