La vecina del 4º, ¡en exclusiva!

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El reportero de A-3 extrayendo el ‘testimonio clave’ de la vecina.

Como fieras se han lanzado sobre el tema. Los dos imperios televisivos privados de España, A-3 TV y Tele 5, han coincidido y nos han ofrecido una negra noche temática sobre el asesinato de Asunta. ¡Ah! Las dos cadenas han montado su espectáculo de forma casi idéntica. Nacho Abad, en A-3, y Sandra Barneda, en T-5, ambos en sus respectivas mesas repletas de opinadores y tertulianos, y continuas conexiones con sus escuadras de reporteros sirviendo grandes exclusivas. «¡Exclusiva! ¡Exclusiva!», escuchábamos clamar en ambas cadenas, como en una tétrica estereofonía. Exclusiva con la farmacéutica que un día le despachó a la madre una medicina («La vi brusca y agresiva con su hija. No me gustó nada, nada»); exclusiva con la peluquera en su peluquería («¡Jesús! ¡Jesús!  ¡Estoy flipada! ¡No me lo puedo creer!»); exclusiva sobre el tema de las mandonguillas («¡Tenemos el dato en exclusiva! ¡El padre mezcló medicamentos en las mandonguillas); exclusiva sobre un robo de joyas de la abuela («¡Tenemos la denuncia del robo de joyas, completa y en exclusiva!»); exclusiva con la vecina del 4º, la que vive encima del piso de la madre («Estas paredes son como de papel, ¿eh? Habrá escuchado muchas cosas, muchos detalles, muchas broncas, ¿eh?», le preguntaba el reportero a la vecina, y ésta, entrecortadamente, respondía de espaldas a la cámara «Bueno, poco trato tenía yo con ella. Buenos días y hola cuando nos cruzábamos en el portal. Poco más puedo deciros»). ¡Ah! Era tanta la excitación de las exclusivas que hasta los reporteros de uno y otro imperio coincidieron en Burgos, en el humilde municipio de Medina de Pomar, persiguiendo a la hermana del padre. Tremenda escena: vimos a la hermana andando por una calle del pequeño municipio, en silencio, presurosa, y dos reporteros, con sus respectivos cámaras, la perseguían al unísono, armados uno con el micrófono de A-3 y el otro con el de Tele 5. Parecían cazadores acosando a una transeúnte que huía. Y todo esto aderezado con los continuos comentarios en plató, rebañando el crimen, haciendo cábalas y conjeturas.

Se constata que ambas cadenas han usado la misma técnica que se utiliza en esas sesiones de chismes, seguimientos y carrerillas sobre los entornos de la Campanario y Jesulín, o de la Pantoja y Paquirrín, etc. El género de los sucesos, tratado como  espectáculo televisivo, acaba en una mezcla de cotilleo y necrofilia.