Al contrataque

El secuestro de la opinión

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Sales del curro a tomar un café y hojeas el periódico. Y te enteras de si el Tata va a hacerse unos análisis para saber si su ADN coincide con el del Barça; y te enteras de si también habrá rotaciones en La Zarzuela, con Felipe sustituyendo a Juan Carlos; y te enteras de que Rajoy dice que hemos salido de la recesión pero no de la crisis. Y se lo comentas a tu colega de desayuno. Y se mosquea más de lo que ya estaba, porque eso le recuerda una noticia que vio ayer: este verano hemos alcanzado un récord de turistas gracias, entre otras razones, a la inestabilidad que viven otros países. «¡Claro, porque nosotros sí somos un país estable, con un paro muy estable y una corrupción muy bien establecida!»

Son opiniones, más o menos fundamentadas, o de cosecha propia o heredadas de las personas que se dedican a opinar en los medios. Pero para poder opinar sobre algo, primero hay que tener información sobre ese algo. A poder ser, una información periodística. O sea, veraz, que no es sinónimo de verdad absoluta, sino de información que intenta explicar la verdad. Intentar es la palabra clave. Supone verificar, mostrar opiniones diversas y opuestas, pasar de aquello que no ligue con veracidad... Por ejemplo, veracidad no hace buena pareja con la voracidad: la económica que puede tener una empresa periodística privada, a la que le acaba interesando -legítimamente- más la empresa que el periodismo; o la voracidad política de la que a veces hacen gala los medios privados y los públicos. Es en esos casos cuando el periodismo se olvida de su esencia y se convierte en propaganda. Y esa propaganda también condiciona nuestra opinión. Pero para que nuestra opinión esté bien fundamentada dependemos de la información que nos faciliten compañeros como Marc Marginedas, a quien no tengo el gusto de conocer pero sí de admirar. Las trayectorias de tíos como Marginedas te hacen sentir que eres periodista de tercera. Cuando secuestran a un periodista como Marginedas, nos están secuestrando a todos nuestra opinión, la opinión sobre aquello que tenía que contarnos ese informador que, en el caso de Marc, es lo que está pasando en Siria. Sí, ya sé que, al estar lejos, lo que pase allí parece que no nos afecta, pero Irak también estaba lejos y nos afectó. No sé a usted, pero a mí me gustaría saber, entre otras cosas, por qué la comunidad internacional (en teoría, los buenos, incluidos nosotros) de golpe se ha planteado intervenir en el conflicto cuando ha detectado armas químicas. ¿Qué pasa, que no tiene mucha importancia que te maten y lo único que importa es cómo te matan? Me gustaría saber si los buenos somos tan buenos o solo menos malos que otros. Necesito el periodismo, ese que me lleve a  cuestionar si tan solo existen los extremos, si no hay matices. Por si no siempre todos los buenos y malos son fijos. Por si acaso hay buenos y malos a tiempo parcial. Y para eso necesito a periodistas como Marginedas.