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Marc Marginedas.

Marc Marginedas.

Para nuestros médicos, en situaciones extremas, hay un par de reglas no escritas que conviene seguir. Una es tratar de no perder la calma, pero la segunda es aún más importante: sobre todo no perder la pasión por el trabajo humanitario. Precisamente porque es en situaciones extremas cuando calma y pasión se dan la mano, cosa que no sucede habitualmente. Para los periodistas, tanto los de la organización que acompañan a nuestros equipos, como los que se acercan por sus propios medios allá donde trabajamos, valen las mismas reglas.

Marc Marginedas, quien lo conoce lo sabe, es de los periodistas que mira de frente a los ojos de quien le habla. Escucha, mastica, y escribe de inmediato. A pesar de haber vivido el horror de varios conflictos, aún abre los ojos como el que despierta de súbito y tuerce el gesto. Se duele o sonríe. Se involucra, te deja ver su sensación de pasmo, de tristeza, de fascinación y de rabia. Le crees cuando se acerca y apenas hace una pregunta con un par de palabras. No oculta nada, salvo el intento imposible de disimular esa suma de dolor que marca la frente, o deja en la mirada una especie de soledad con chaleco antibalas.

Rabia, sí. Como compañeros de una organización fundada por médicos y periodistas para atender a víctimas de crisis humanitarias, asistimos con rabia a las amenazas y ataques dirigidos tanto a trabajadores humanitarios como a profesionales de la información que tratan de hacer su trabajo con independencia e imparcialidad en zonas de conflicto.

Somos conscientes de que al atender y hacer visibles las necesidades más urgentes de la población civil atrapada entre la vida y la muerte, significa que una parte de nuestra suerte está ligada a la suya. Nadie nos envía allí a la fuerza. Ni médicos ni periodistas podemos trabajar bajo amenazas. Pero estamos ahí, donde las hay, creyendo que nos protege aún la confianza en el otro lado del ser humano. Ese lado que precisamente, en medio de la crueldad, aparece con medicamentos, hilos de sutura, vacunas, cámaras o palabras para reivindicarse, defender la vida y, a veces también salvarla.

La guerra siempre nos deja heridas, y nunca disminuye el espanto que sentimos ante ella. El conflicto sirio lo vivimos con una especial intensidad entre la frustración y las pequeñas y grandes esperanzas, ambas al mismo tiempo, constantemente. No es fácil atender en nuestros seis hospitales y cuatro centros de salud dentro de Siria a heridos y pacientes sin otro acceso posible a la salud, todos ellos víctimas directas e indirectas de los enfrentamientos. Hemos sufrido obstáculos de todo tipo, y amenazas y bajas de amigos y compañeros. Sabemos de la dificultad de contar lo que ocurre allí donde las dinámicas de un conflicto enquistado oscurece todo.

Marc Marginedas, enviado especial de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, es un buen amigo de MSF. Nos hemos encontrado en varios contextos críticos, nuestro médicos tratando de curar, y él tratando de contarlo. Y a veces él también se ha implicado en la ayuda a título personal.

Al recibir el galardón como finalista del último premio Cirilo Rodríguez para corresponsales, Marc decidió donarlo como un gesto de contribución a los proyectos de MSF en Siria. Después de eso, nos vimos nuevamente, tomamos varios cafés. Estudiamos posibles colaboraciones para informar de otros contextos, proyectos futuros, volvimos a quedar para un café.

Hoy, lo esperamos como siempre en Nou de la Rambla, o en Consell de Cent. Y lo esperamos pronto, aunque nos de rabia esta espera impuesta por quienes confunden a trabajadores humanitarios o periodistas con partes implicadas. Sabemos que aún contaremos con sus palabras, que como los medicamentos y las manos de los cirujanos, a veces, son capaces de salvar la vida. Y a ella nos aferramos. El café aún está caliente.

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FRANCISCO JAVIER SANCHO MAS 

Periodista y responsable del Servicio de Información de Médicos Sin Fronteras (MSF)